miércoles, 17 de agosto de 2011

El capitalismo salvaje asola las calles

“Adolescentes nihilistas y salvajes” llamó el Daily Mail a los jóvenes de todos los ámbitos de la vida que corrían por las calles a la desesperada lanzando ladrillos, piedras y botellas a los policías, mientras saqueaban por aquí e incendiaban por allá, obligando a las autoridades a un alegre juego del escondite mientras corrían de un objetivo a otro con ayuda de Twitter.

La palabra “salvaje” (1) atrajo inmediatamente mi atención. Me recordó el modo en que representaron a los comuneros de París, en 1871, como animales salvajes, hienas que merecían ser –y a menudo lo fueron– ejecutadas sumariamente en nombre de la santidad de la propiedad privada, la moral, la religión y la familia. Pero, además, la palabra me suscitó otra asociación: Tony Blair, atacando a los “medios de comunicación salvajes”, mientras se hallaba cómodamente alojado en el bolsillo izquierdo de Rupert Murdoch, para ser sustituido más tarde por éste, cuando se sacó de su bolsillo derecho a David Cameron.

Habrá, por supuesto, el debate, siempre histérico, entre los propensos a considerar los disturbios como una cuestión de pura, desenfrenada e inexcusable criminalidad, y aquellos deseosos de contextualizar los acontecimientos en un fondo de incorrecta actuación policial, racismo y continua persecución injustificada de los jóvenes y las minorías; desempleo masivo de los jóvenes; creciente marginación social y una política de austeridad ciega que nada tiene que ver con la economía y todo con la perpetuación y la consolidación de la riqueza y el poder personal. Algunos pueden llegar incluso a condenar el sinsentido y los rasgos alienantes de tantos empleos y tantas cosas de la vida cotidiana en medio de la inmensa potencialidad, aunque desigualmente distribuida, de florecimiento humano.

Si tenemos suerte, tendremos comisiones e informes que nos repetirán lo que se dijo en su día de Brixton y Toxteth, en los años de Thatcher. Y digo suerte porque los instintos salvajes del actual Primer Ministro parece más inclinados a activar los cañones de agua, llamar a la brigada de gases lacrimógenos y utilizar las balas de goma, mientras pontifica con afectación sobre la pérdida de la brújula moral, la decadencia de la civilidad y el triste deterioro de los valores familiares y la disciplina entre los jóvenes errantes.

Pero el problema es que vivimos en una sociedad en la que el capitalismo se ha vuelto desenfrenadamente salvaje. Políticos salvajes hacen trampas con sus gastos; banqueros salvajes saquean el erario público de todo lo que hay de valor; directores ejecutivos, operadores de fondos de inversión y genios del capital privado saquean al mundo de su riqueza; compañías telefónicas y de tarjetas de crédito que cargan misteriosas tasas en sus facturas en todo el mundo; tenderos que sangran a sus clientes; y, en un instante, los más cualificados timadores y estafadores juegan al trile en las más altas esferas del mundo empresarial y político.

Una economía política de desposesión de las masas y de prácticas predatorias que llegan al robo a la luz del día, sobre todo de los pobres y los vulnerables, los menos refinados y los que no gozan de protección legal, se ha convertido en el orden del día. ¿Alguien cree que es aún posible encontrar un capitalista honesto, un banquero honesto, un político honesto, un comerciante honesto o un comisario de policía honesto? Sí, los hay. Pero sólo como una minoría que todo el mundo considera estúpida. ¡Sé listo! ¡Obtén ganancias fáciles! ¡Estafa y roba! Las probabilidades de que te atrapen son escasas. Y en todo caso hay un montón de maneras de proteger la riqueza personal de los costos de las fechorías corporativas.

Lo que digo puede sonar chocante. Pero la mayoría de nosotros no lo ve porque no quiere. Ciertamente, ningún político se atreve a decirlo y la prensa sólo lo imprimiría para cubrir de oprobio al que lo dijera. Pero mi conjetura es que cada uno de los alborotadores callejeros sabe exactamente lo que quiero decir. Ellos sólo están haciendo lo que hacen los demás, aunque de una manera diferente, más ostensible y apreciable en la calle. El thatcherismo desencadenó los instintos salvajes del capitalismo (el “espíritu animal” del empresario, como coquetamente decían) y nada ha conseguido controlarlos desde entonces. Tierra quemada es ya, abiertamente, el lema de las clases dominantes en casi todas partes.

Esta es la nueva normalidad en que vivimos. Esto es lo que la siguiente gran comisión de investigación debería abordar. Todos, no sólo los alborotadores, deben rendir cuentas. El capitalismo salvaje debe ser llevado a juicio por crímenes contra la Humanidad y crímenes contra la Naturaleza.

Lamentablemente, esto es lo que estos manifestantes insensatos no pueden ver ni exigir. Todo conspira para impedir también que nosotros lo veamos. Esta es la razón por la que el poder político se viste rápidamente con los ropajes de una moralidad superior y esgrime empalagosas razones para que nadie pueda ver lo descaradamente corrupto e irracional que es.

Sin embargo, hay destellos distintos de esperanza y luz en todo el mundo. Los movimientos de indignados (2) en España y Grecia, los impulsos revolucionarios en América Latina, los movimientos campesinos en Asia, están empezando a adivinar que tras la gran estafa un capitalismo depredador y salvaje mundial se ha desatado sobre el mundo. ¿Qué se necesita para que el resto de nosotros vea y actúe en consecuencia? ¿Cómo podemos empezar de nuevo? ¿Qué dirección debemos tomar? Las respuestas no son fáciles. Pero una cosa sabemos con certeza: sólo podremos llegar a las respuestas correctas haciendo las preguntas correctas.

1. Feral en el original inglés (N. del t.)

2. En español en el original (N. del t.)

David Harvey

CounterPunch


Traducido para Rebelión por S. Seguí

David Harvey es profesor emérito del Centro de Graduados de la City University de Nueva York. Su último libro es The Enigma of Capital and the Crises of Capitalism . Pueden dirigirse a él por medio de su página web http://davidharvey.org/

Fuente: http://www.counterpunch.org/harvey08122011.html



martes, 16 de agosto de 2011

No es casualidad

Tan sólo en el curso de este año hemos presenciado una dilatada serie de complejos procesos sociales, cuya profundidad y alcance aún están definiéndose. Lo que no puede hacerse es tratarlos como si fuesen asuntos anecdóticos sin un estructura discernible.

Estos procesos muestran un conjunto de fenómenos de distinta naturaleza, que se manifiestan de maneras muy diversas; sus protagonistas son dispares, ocurren en lugares disímiles alrededor del planeta y están alterando de manera sensible el modo de operar del entramado social a escala local, nacional y global.

Señalo, sin ánimo comprensivo: las revueltas en los países árabes que han acabado con un par de regímenes dictatoriales, han obligado a reformas aún parciales de otros de corte sumamente autoritario, y desembocado en verdaderas guerras civiles en Libia y Siria.

Las protestas de los "indignados" en España y la reciente desobediencia civil en Israel. Los choques en varias ciudades inglesas entre la comunidad de inmigrantes y policías, que dejaron varios muertos, llevaron al saqueo de tiendas y al incendio de edificios. Expusieron a un gobierno distante que sólo pudo pensar en formas más creativas de represión.

Se trata en estos casos, al parecer, de diferentes formas de exclusión como una modalidad de la recomposición de las sociedades avanzadas que dura ya casi 30 años. Vaya, los procesos de este tipo no se crean por generación espontánea.

Otra expresión con formas particulares puede ser la de la enorme insatisfacción de los jóvenes chilenos con el sistema educativo de ese país y la respuesta rígida del gobierno en turno.

El descontento y la represión en China por las consecuencias del acelerado proceso de crecimiento económico en un entorno de fuerte rigidez social y política.

Pero también está la pasmosa hambruna en Somalia, y en el otro extremo la matanza de jóvenes socialdemócratas en la próspera Noruega.

Y, por supuesto, el escenario ha estado marcado por el recrudecimiento de la crisis económica desatada en 2008 y que crecientemente se va centrando en los efectos de la acumulación de la deuda pública. Esta crisis está radicada en los países ricos; se ubica en Europa y Estados Unidos, y desde ahí genera convulsiones en el resto del sistema económico mundial.

Los gobiernos, por un lado, y los bancos centrales, por el otro, no aciertan a estabilizar la situación. El desarreglo crea cada vez más incertidumbre en un ambiente en el que crece el desempleo, la gente no gasta y las empresas no invierten. Hasta los especuladores ven reducidas sus opciones y por ahora tienden a buscar refugios parciales como el oro o de plano el dinero en efectivo.

Los ajustes fiscales que se imponen no sólo ponen en entredicho la posibilidad misma de una incipiente recuperación, sino que cuestionan de modo cada vez más abierto el papel de los Estados en la organización social. La población resiente los efectos de los recortes del gasto público. Los políticos se aíslan, la falta de liderazgo es ostensible, no aciertan a imponer nuevas normas de referencia que sean sustentables, se pierde la legitimidad de los acuerdos sociales, contribuyendo a la fragilidad reinante.

Tal acumulación de hechos tan diversos complica la comprensión de lo que ocurre y exige reordenar los modos de pensamiento con aproximaciones distintas a las convencionales.

No es posible abarcar todos los sucesos de modo indiscriminado y en un mismo plano de consideración. Un primer paso necesario consiste en la selección de los hechos tan variados, aspecto en sí mismo complejo porque se asocia con las preconcepciones que tenemos de los procesos sociales en curso.

Enseguida, y tras haber seleccionado los hechos, hay que jerarquizarlos de alguna manera, otorgándoles una relevancia absoluta y relativa para articular un discurso que pueda ser la base de alguna interpretación inteligible. Finalmente se requiere el diseño de una forma de ensamblaje para dar una cierta coherencia a los fenómenos que se observan y analizan.

Ante la avalancha de sucesos de tan diversa naturaleza existe siempre la tentación simplona de la conspiración. Pero a partir de ella no se puede construir un pensamiento crítico, cuestión que me parece esencial. Los discursos surgidos de la crisis económica y de los procesos sociales de desgaste que se están manifestando son por ahora claramente insuficientes.

Los acontecimientos se están dando tienen algún hilo articulador y no son consecuencia de ninguna casualidad. Hay ocurrencias de tipo sistémico que se están gestando en los procesos que estamos viviendo. Pero la crisis que esto representa abarca también al pensamiento dominante y al de índole crítica.

Apenas hace un siglo se dio un largo periodo de descomposición social que provocó dos guerras mundiales y una muy profunda crisis económica. El costo fue enorme. La forma en la que se restructuró el mundo provocó una expansión económica sin precedente histórico, pero en un entorno de conflicto permanente. Hoy al parecer la tendencia que se impone es la del resquebrajamiento general que provoca inseguridad crónica. Construir un pensamiento claro que abreve de diversas fuentes es imprescindible para alimentar formas de participación social menos perversas.

León Bendesky

La Jornada

http://www.jornada.unam.mx/2011/08/15/opinion/025a1eco



Paraíso para una nueva clase media

Ciudadanos urbanos ascienden socialmente en China

El número de personas con ingresos medios en China aumentará hasta llegar a ser la mitad de la población urbana de aquí a 2023, como resultado del proceso de crecimiento económico del país, informaron diversos medios locales con base en un informe de un grupo de expertos del gobierno.


El número de los habitantes con ingresos medios en las ciudades chinas aumentará 2,3 por ciento anualmente entre 2010 y 2025, reporta el Economic Information Daily, citando un informe de la Academia de Ciencias Sociales de China (CASS, siglas en inglés).

Las ciudades chinas tenían 230 millones de personas con ingresos medios en 2009, representando un 37 por ciento del total de la población urbana, de acuerdo con el documento, que fue dado a conocer.

A la luz del informe, las familias cuyo coeficiente de Engel, es decir la proporción de los ingresos gastada en alimentos, está entre 0,3 y 0,373, son consideradas como gente con ingresos medios.

El documento precisa que ciudades como Beijing y Shanghai, y algunas otras también ubicadas en el este del país, tienen más habitantes de clase media que aquellas de las regiones central y occidental, que cuentan con un grado menor de desarrollo.

En 2010, la población urbana de la parte continental de China totalizó 665,57 millones, o el 49,68 por ciento de la población total del país, según estadísticas oficiales.
Esto representó un aumento de 13,46 puntos porcentuales sobre la cifra de 2000, en vista de que en ese lapso, millones de trabajadores migrantes se desplazaron a las ciudades en busca de mejores empleos y niveles de vida.

La lenta integración de los trabajadores migrantes rurales en las ciudades, las fuertes alzas en los precios de la vivienda, el empeoramiento del entorno de vida, el desequilibrado desarrollo de la educación y la lenta mejora de los servicios médicos y de cuidado de la salud son algunos de los principales problemas que afrontan las ciudades chinas, según el informe de la CASS.

Unos 50 millones de residentes urbanos viven en la pobreza, señala el documento, definiendo a las familias pobres como aquellas con un promedio de ingresos per cápita inferior a 7.500 yuanes (1.166 dólares) anuales.

La proporción de los habitantes de bajos ingresos ha caído por debajo del 60 por ciento de la población urbana del país pero sigue siendo superior al 50 por ciento, mientras que el grupo de altos ingresos sólo se ha expandido lentamente, y representa menos del 10 por ciento de todos los residentes de las ciudades, según la misma fuente.

Adolfo Gilly es periodista y profesor universitario.

Fuente: http://www.elarcadigital.com.ar/modules/revistadigital/articulo.php?id=2013
Justificar a ambos lados

lunes, 15 de agosto de 2011

Golpe de Estado en EE UU

Se ha escrito mucho sobre la crisis de Estados Unidos. Se ha aludido a la complacencia y el fracaso de nuestras élites, a la ignorante furia de un segmento de la ciudadanía espiritualmente plebeyo, a la impotencia intelectual y política de buena parte del resto, a la ausencia de una conexión entre una intelligentsia crítica y los movimientos sociales que en el pasado aportaron sus ideas a la esfera pública, al quebrantamiento de la propia esfera pública y a la consiguiente atomización de la nación. Esos diagnósticos son correctos. Lo que a veces se pasa por alto en nuestra situación es el factor propósito: lo que ha sufrido la democracia estadounidense ha sido un golpe de Estado encubierto. Sus autores ocupan los puestos más altos de los negocios y las finanzas, sus leales servidores dirigen las universidades, los medios de comunicación y gran parte de la cultura, e igualmente monopolizan el conocimiento profesional científico y técnico.

Sus dispuestos seguidores se encuentran por doquier, especialmente entre quienes sienten que son ignorados, incluso despreciados, y experimentan una desesperada necesidad de compensación íntima. Incapaces de actuar de forma autónoma, niegan en voz alta que estén dominados y explotados. Identifican como enemigos a los grupos sociales al servicio del bien público, cuya existencia rechazan como principio. Su hostilidad al Gobierno es tan grande como su falta de conocimiento de cómo funciona este realmente, o la historia de su propio país.

Por supuesto que hay una sustancial coincidencia entre quienes han dado su aquiescencia al golpe de Estado y los muchos que pretenden la recristianización de la nación, que creen que el aborto y la homosexualidad son delitos civiles al tiempo que pecados religiosos, que responden a la inmigración con xenofobia. Esos son los blancos, principalmente en el sur y en el oeste, y en las ciudades más pequeñas, que se quedaron escandalizados por la elección de un presidente afroamericano y que se creyeron (y todavía se creen) muchas de las falsedades sobre su persona, desde su nacimiento en Kenia hasta su adhesión al islam.

Los iniciadores del golpe de Estado son, por lo general, demasiado sofisticados para esas vulgaridades, aunque indudablemente no son demasiado escrupulosos a la hora de utilizarlas para conseguir el respaldo a sus objetivos primarios. Que no son otros que reducir las funciones y poderes redistributivos y reguladores del Estado norteamericano, revocando, privatizando o, al menos, limitando importantescomponentes de nuestro Estado de bienestar: Seguridad Social (pensiones universales), Medicare (seguro sanitario público para los mayores de 65) y todo un espectro de beneficios y servicios en los campos de la educación, el empleo, la salud y el mantenimiento de ingresos. La posibilidad de una regulación medioambiental a gran escala, o de un proyecto para reconstruir toda la infraestructura de modo que sea más compatible con un futuro benévolo con el medio ambiente, provoca igualmente su sistemática oposición. Los obstáculos administrativos y legales a la actividad sindical son otra parte del programa.

Los esfuerzos del capital políticamente organizado para mantener el control del sistema político son tan viejos como la república estadounidense. En modo alguno excluyeron utilizar al Gobierno en muchas ocasiones de todas las épocas de nuestra historia. Lo que distingue a la reciente situación es la propagación explícita y resuelta de una ideología que declara al mercado como superior al Estado, que busca transferir al sector privado funciones gubernamentales hasta ahora reservadas al Estado, y que no permite que la consideración de un mayor interés nacional (como en el comercio con otras naciones) interfiera en los intereses inmediatos del capital.

La obra de innumerables economistas, las simplificaciones de un gran número de comentaristas y periodistas, la intromisión en los sistemas escolares y su manipulación, y, sobre todo, el que los medios de comunicación y lo que tenemos de discurso público queden excluidos de la discusión seria de alternativas, han culminado en la fervorosa obsesión con la que los congresistas republicanos han hecho suya la creencia de que los déficits presupuestarios son una amenaza para la nación.

En 1952, John Kenneth Galbraith publicó su primera obra maestra El capitalismo americano: el concepto del poder compensatorio. En ella sostenía que la búsqueda del beneficio sin límite, la ceguera cortoplacista del capitalismo, había sido corregida por el Gobierno, apoyado por una ciudadanía consciente de sus distintos intereses, por grupos de interés público, por sindicatos y por un Congreso (y Gobiernos estatales) con un grado notable de independencia política.

En 1961, Galbraith pidió al presidente Kennedy que no le nombrara jefe del Consejo de Asesores Económicos: era un blanco demasiado visible. Durante algunos años el punto de vista de Galbraith siguió siendo convincente. Sin embargo, también se fue produciendo un gradual debilitamiento de las fuerzas compensatorias con las que Galbraith contaba para hacer permanente el new deal; y un debilitamiento, asimismo, de las élites capitalistas con mayor formación y visión a largo plazo, dispuestas a aceptar un contrato social.

Las razones de este doble declive siguen siendo objeto de discusión para los historiadores. La absorción de los recursos materiales y morales de la nación por la guerra fría, que se convirtió en un fin en sí misma, desempeñó ciertamente un papel. Se hizo mucho más difícil desarrollar programas de reconstrucción social a gran escala por la composición racial de los pobres en Estados Unidos, incluso aunque los blancos -por lo general, blancos sureños- fueran una mayoría entre ellos. La propia prosperidad aportada por el contrato social de la posguerra socavó la combatividad y militancia de la fuerza de trabajo sindicalizada, que quedó relativamente indefensa ante la competencia de la industria extranjera y la huida del capital norteamericano a otros países.

Los efectos que tuvieron esos cambios estructurales fueron magnificados a medida que el capital financiero (el reino del pillaje y liquidación de firmas productivas, de los derivados, de los hedge funds y de la especulación arcana) se hizo cuantitativa y cualitativamente dominante.

Este tipo de capitalismo, especialmente, requería la abstinencia política del Estado, que solamente podía obtenerse si poco a poco se compraba al Estado. El nuevo capitalismo hizo serios avances en el Partido Demócrata, reduciendo a una insistente actitud defensiva a los herederos del new deal que había en su seno. Cuando en 2008 el presidente Obama movilizó a millones de afroamericanos, a latinos, a jóvenes y viejos, a mujeres y a los restos del movimiento sindical, no fue menos solícito con el nuevo capitalismo, que tenía muchos menos votos pero mucho más dinero. La singular insignificancia de las iniciativas de la Casa Blanca en 2009, 2010 y este año en materia de estímulo económico, empleo y reconstrucción nacional podrían explicarse como un reflejo del real equilibrio de fuerzas políticas de la nación.

Dejando aparte el furor provocado por el Tea Party y el límite de la deuda, la explicación también podría estar en esa quinta columna constituida por los agentes ideológicos y políticos del nuevo capitalismo, que está ocupando la propia Casa Blanca. Desde este punto de vista, la extraordinaria buena disposición del presidente al acuerdo mutuo no es el resultado de un nuevo alineamiento de la política estadounidense, sino una parte previsible del mismo.

Norman Birnbaum es catedrático emérito en la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown. Traducción de Juan Ramón Azaola.

El País

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Golpe/Estado/EE/UU/elpepuopi/20110815elpepiopi_4/Tes



miércoles, 10 de agosto de 2011

Empresas, derechos humanos y pobreza

Las empresas tienen un enorme impacto en los derechos de las personas y las comunidades. Este impacto puede ser positivo, por ejemplo, la creación de nuevos puestos de trabajo y el incremento en los ingresos del Estado, que pueden emplearse para financiar servicios básicos. Sin embargo, con demasiada frecuencia se producen violaciones de derechos humanos al aprovecharse las empresas de normativas nacionales endebles y mal aplicadas, lo que sumado a la ausencia de mecanismos internacionales de rendición de cuentas produce un efecto devastador en los países en desarrollo.


Las denuncias de abusos contra los derechos humanos son especialmente numerosas en la industria extractiva. Esto no resulta sorprendente, dado el impacto que estas operaciones tienen en los recursos de tierras y agua. Las comunidades pueden ser reubicadas por la fuerza para dejar paso a las actividades de extracción. La contaminación o la sobreexplotación de la tierra y del agua puede destruir o poner en peligro medios de subsistencia –y formas de vida–tradicionales.

La llegada de empresas con recursos que tratan de conquistar a las comunidades locales puede desembocar también en un aumento de la violencia y de los conflictos sociales, ya que algunas personas quedan excluidas de los beneficios del desarrollo económico. Esta situación puede verse exacerbada por la falta de transparencia en el modo en que las empresas conceden los contratos y pagan a las comunidades.

A menudo se niega sistemáticamente a las comunidades afectadas el acceso a la información sobre el impacto de las actividades de la empresa y se las excluye de participar en decisiones que afectan a sus vidas, lo que incrementa la inseguridad y la privación.

Si se cometen abusos, la situación se agrava aún más cuando se niega a las comunidades el acceso a la justicia y los gobiernos no pueden o no quieren hacer que las empresas rindan cuentas. La consecuencia es que los abusos continúan, lo que consolida aún más el ciclo de la pobreza.

En nombre de la eficiencia económica, los Estados han privatizado muchos servicios públicos, algunos de los cuales son fundamentales para el disfrute de derechos humanos como el derecho a la educación, a la salud y al agua. Sin embargo, los Estados por lo general no garantizan que las empresas presten esos servicios sin discriminación.

Los contratos de servicios públicos no pueden ser una forma de que los Estados eludan sus obligaciones en materia de derechos humanos. Deben garantizar que todas las empresas actúan dentro del marco de las normas de derechos humanos.

La globalización económica ha ampliado el alcance de las empresas más allá de las fronteras nacionales. Sin embargo, la normativa para regular la actividad empresarial no ha seguido el mismo ritmo. Debe ponerse en marcha urgentemente un sistema de regulación que garantice el resarcimiento de las personas afectadas y evite la búsqueda del beneficio a expensas de los derechos humanos.

Nigeria

Las empresas se suelen aprovechar de los sistemas regulatorios endebles que existen en muchos países pobres, de modo las personas que viven en la pobreza se convierten en uno de los sectores más vulnerables a los abusos contra los derechos humanos por parte de las empresas.

Los derechos humanos de las personas que viven en las zonas productoras de petróleo del delta del Níger se han visto socavados por una industria a la que el gobierno de Nigeria no quiere o no puede obligar a rendir cuentas. La contaminación petrolífera ha dañado medios de vida tradicionales como la pesca o la agricultura, ha puesto en peligro la salud de las personas, y ha socavado el acceso a alimentos seguros y agua apta para el consumo. Son muchas las víctimas que no han tenido acceso a la justicia ni a un resarcimiento.

El gobierno de Nigeria debe hacer que las empresas petroleras rindan cuentas. Las empresas petroleras deben limpiar el producto de sus acciones.



martes, 9 de agosto de 2011

LA ONU CONFIRMA LA CONTAMINACIÓN EN GRAN ESCALA DEL DELTA DEL NÍGER POR PETRÓLE0

La empresa petrolera Shell ha tenido un desastroso impacto en los derechos humanos de las personas que viven en el delta del Níger, en Nigeria, ha manifestado Amnistía Internacional en respuesta a un informe de la ONU sobre los efectos de la contaminación por petróleo de la región Ogoni del delta.

El informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente es el primero en su género sobre Nigeria y está basado en dos años de exhaustivas investigaciones científicas. Se determina en él que la contaminación por petróleo es generalizada y grave, y que la población del delta del Níger lleva decenios expuesta a ella.

“Este informe prueba que Shell ha tenido un impacto terrible en Nigeria, aunque lleve decenios negándolo impunemente, al afirmar con falsedad que aplica las más estrictas normas internacionales en su trabajo”, ha manifestado la directora del Programa de Amnistía Internacional sobre Asuntos Temáticos Globales, Audrey Gaughran, que ha investigado el impacto de la contaminación del delta en los derechos humanos.

El informe, realizado a instancias del gobierno nigeriano y financiado por Shell, aporta pruebas irrefutables del efecto devastador de la contaminación por petróleo en la vida de la población del delta, una de las regiones de mayor biodiversidad de África. Se examina en él el daño a la agricultura y la pesca, que ha destrozado medios de vida y fuentes de alimentos. Uno de los hechos más graves descubiertos es la magnitud de la contaminación del agua potable, que ha acarreado graves riesgos para la salud de las comunidades de la zona. En uno de los casos estudiados se vio que el agua contenía niveles de un conocido cancerígeno 900 veces superiores a los señalados en las directrices de la Organización Mundial de la Salud. El PNUMA ha recomendado tomar medidas de emergencia para alertar a las comunidades del peligro.

El informe revela una ausencia sistemática de medidas por parte de Shell para impedir vertidos de petróleo que llevaban años produciéndose. El PNUMA explica que sus expertos comprobaron que zonas que según Shell se habían limpiado continuaban contaminadas.

“Shell debe reconocer su culpa y afrontar el hecho de que tiene que ocuparse de los daños causados. Es inútil que intente ocultarse tras las acciones de otros, cuando es el agente más poderoso en esta situación”, ha señalado Audrey Gaughran. “No hay solución para la contaminación del delta del Níger mientras Shell continúe empeñada en proteger su imagen de marca a costa de la verdad y a costa de la justicia.”

En las conclusiones del informe se pone también de manifiesto la grave ausencia de medidas del gobierno nigeriano para regular y controlar a empresas como Shell. El PNUMA ha determinado que los reguladores nigerianos son poco estrictos y que el organismo de investigación de los vertidos de petróleo de Nigeria suele depender totalmente de las empresas petroleras para hacer su trabajo.

El gobierno nigeriano, las empresas petroleras y los gobiernos de los países donde éstas tienen su sede, como los Gran Bretaña y Países Bajos, se han beneficiado de la explotación petrolera del delta del Níger, por lo que deben prestar apoyo ahora a un proceso de rehabilitación medioambiental y social, ha manifestado Amnistía Internacional.

“Este informe tiene que ser también un aviso a los inversores institucionales. Hasta ahora se han dejado engañar por la maquinaria de relaciones públicas de Shell, pero después de esto querrán ver que la compañía limpia su actuación en el delta del Níger, lo cual significa ejercer presión sobre Shell para que impida los vertidos, indemnice a los afectados y proporcione información más exacta sobre su impacto”, ha explicado Audrey Gaughran.

En el informe de la ONU se señala que hay otras fuentes de contaminación, relativamente nuevas, en la región Ogoni, como el refinado ilegal, pero está claro que un importante factor es la mala práctica de Shell durante decenios.

El 3 de agosto de 2011 se informó ampliamente de que Shell había admitido la responsabilidad de dos importantes vertidos ocurridos en la región Ogoni en 2008. Casi tres años después de que se produjeran, aún no se han limpiado los vertidos de Bodo, que causaron graves daños en los medios de vida de la comunidad.

INFORMACIÓN GENERAL

La industria petrolera del delta del Níger comenzó la producción comercial en 1958, tras descubrir Shell British Petroleum (ahora Royal Ducth Shell) crudo en Oloibiri. Hoy día, la industria petrolera tiene una notoria presencia en el delta del Níger y controla grandes extensiones de tierra. Sólo Shell desarrolla actividades en más de 31.000 kilómetros cuadrados.

El sector del petróleo y el gas representa el 97 por ciento de los ingresos en divisas de Nigeria y
aporta el 79,5 por ciento de los ingresos del Estado. Se calcula que el petróleo ha generado 600 mil millones de dólares estadounidenses desde la década de 1960.

La industria petrolera del delta del Níger está integrada por el gobierno de Nigeria y por filiales de empresas internacionales como Shell, Eni, Chevron, Total y ExxonMobil, así como por algunas empresas nigerianas.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), más del 60 por ciento de la población de la región depende del medioambiente natural para su sustento.

De acuerdo con el PNUD, entre 1976 y 2001 se registraron más de 6.800 vertidos, que supusieron una perdida de alrededor de tres millones de barriles de petróleo. Muchos expertos creen que, puesto que no se denuncian todos los casos, las verdaderas cifras podrían ser mucho mayores.

Según la regulación Nigeria, las empresas petroleras deben limpiar todos los vertidos. Sin embargo, esta regulación no se hace cumplir.

http://www.amnesty.org/es/for-media/press-releases/onu-confirma-contaminacion-delta-niger-por-petroleo-2011-08-04


Los indignados: ¡la globalización del poder social ha comenzado!

Todo indica que conforme el tiempo pasa más miembros de nuestra especie estamos indignados. Mientras las noticias de los atracos financieros, las crisis de los partidos políticos, la corrupción de las iglesias, el desastre de los bancos o la imbecilidad de los poderosos intentan saturar todos los espacios de la comunicación, cada vez más se cuelan por las rendijas que quedan las novedades en torno a los que estamos indignados. Porque cada día que pasa es mejor que el que viene, cada vez hay más indignados. Brotan como hormigas y se multiplican como conejos. En Egipto como en Túnez, en Italia como en España, en Marruecos como en Siria. Y la indignación llega hasta lo más norte y vuelve realidad un sueño: en Islandia los ciudadanos expulsan a su gobierno corrupto y ponen en la cárcel a los empresarios cómplices. ¿En cuantos países más habrá que hacer lo mismo?

Algunos ciudadanos notables ayudan a procrear la indignación: Michael Moore en Norteamérica o Julian Assange y su Wikileaks desde Australia y el continente europeo. La tecnología de la Internet también ayuda, no detiene, la revolución de las conciencias y contribuye a construir el poder ciudadano, según nos lo indica en una entrevista el famoso comunicólogo Manuel Castells.

Y este juicio es crucial porque ello supone la implicación de los más jóvenes en las batallas cotidianas. Hoy hay que quitarse el sombrero ante los estudiantes chilenos que por miles se han arrojado a las calles (250 mil), y a los un poco menos jóvenes españoles que viven sin trabajo a pesar de su gobierno de izquierda. Otros, como Alejandro Nadal, nos explican con sencillez la monumental irracionalidad de la economía de mercado y sus secuelas sociales, es decir, nos sugieren que ya tiembla el capitalismo.

Y en plena era de la indignación, los pueblos más lejanos a la modernidad neoliberal también ponen su ejemplo. En los países andinos no solamente auspician gobiernos progresistas, también les marcan directrices con sus cosmovisiones. La naturaleza reaparece, se torna actriz vital para un futuro diferente y la ecología sagrada toma de nuevo los aires del mundo. Sin el rencuentro ecológico la superación de la crisis es imposible, y ello significa recrear a la tradición y ver-de-frente. En México, donde la indignación la encabeza un poeta, no solamente las comunidades indígenas son las que practican los modelos de civilización más avanzados, sino que frente a un gobierno timorato e inútil, incapaz de controlar el crimen y la inseguridad, crean su propia defensa e inventan sus propias policías comunitarias en casi 80 localidades de Guerrero y Michoacán. Y, en fin, en 34 países se consolidan casi 400 proyectos de aldeas en transición que buscan vivir sin petróleo quebrando las formas de vida dominantes mientras se impulsa el poder local (www.transitionnetwork.org).

Visto así, el mundo ya no es más ese túnel negro cuya pequeña luz es la de otro tren que se acerca para arrollarnos. No. El mundo comienza a verse como un paisaje claroscuro. El de una época que muere y el de otra que nace. Estamos en esa hora precisa del amanecer en la que el día comienza con el desvanecimiento de la noche. La de un proyecto en plena descomposición –el neoliberal, que no es sino el capitalismo en su fase corporativa y global– y el del bosquejo de otro que se prepara para sustituirlo. Estamos frente a una reconversión civilizatoria, como lo hemos dicho desde hace muchos años. Y ésta trae olor a buen vivir, sustentabilidad, decrecimiento, izquierda verde y cultural. Armando Bartra le ha llamado la carnavalización de la política; Edgar Morin, la gran metamorfosis. Más allá del título, sin embargo, está el proceso por el cual el poder político y el poder económico tendrán que sujetarse al poder de los ciudadanos mediante la creación de mil mecanismos. Hay que ir desmontando los grandes emporios y repartir las fortunas de los Slim y de los Gates. Y entonces las cooperativas sustituirán a las corporaciones, lo pequeño a lo gigante, las comunidades rurales a los latifundios, la diversidad a la monotonía, los bosques y las selvas a los campos de golf, las plazas y los espacios públicos a los malls y demás escaparates comerciales, el encuentro intercultural a las disneylandias, las energías renovables a las centrales nucleares, que son tan peligrosas como obsoletas. Sigamos con nuestra indignación, en la que ya están nuestros hijos y por lo mismo estarán nuestros nietos. Es el tiempo de organizarse. ¡Todos estamos indignados!

Victor M. Toledo

La Jornada

http://www.jornada.unam.mx/2011/08/09/opinion/022a1pol

Foto: Manifestación 19-J. Murcia. Contra el Pacto del Euro