martes, 15 de marzo de 2011

Patología de la ganancia y el planeta desechable

Hace algunos años en Nueva Inglaterra, un grupo de ecologistas le preguntó a un ejecutivo cómo podía su empresa (una fábrica de papel) justificar el vertido de sus efluentes industriales crudos en un río cercano. El río, que le había tomado a la Madre Naturaleza siglos para crear era usado como fuente de agua potable, para pescar, para hacer canotaje y natación, en pocos años, la fábrica de papel lo había convertido en una cloaca a cielo abierto altamente tóxica.

El ejecutivo de la empresa se encogió de hombros y dijo que esa era la forma más rentable de eliminar los desechos de la fábrica. Si la empresa hubiera tenido que absorber el costo adicional de limpiar después de sí misma, no habría podido mantener su ventaja competitiva y hubiera quebrado o se habría mudado a un mercado laboral más barato, lo que habría resultado en la pérdida de puestos de trabajo para la economía local.

Mercado Libre, Über Alles

Era un argumento conocido: la empresa no tenía otra opción. Se vio obligada a actuar de esa manera en un mercado competitivo. La planta no estaba en el negocio de la protección del medio ambiente, sino en el negocio de generar utilidades, el mayor beneficio posible a la mayor tasa de rendimiento posible. Lo único que importa, como los líderes empresariales dejan claro cuando se les pregunta sobre el tema, son las ganancias. El objetivo principal de un negocio es la acumulación de capital.

Para justificar esta actitud especuladora, las corporaciones estadounidenses promueven el clásico laissez-faire, la teoría que afirma que el libre mercado -una congestión de empresas desreguladas y sin restricciones que persiguen sus propios intereses egoístamente- es gobernado por una "mano invisible" benigna que milagrosamente produce resultados óptimos para todos.

Los propulsores del libre mercado tienen una profunda fe en el laissez-faire, porque es una fe que les beneficia. Esto significa que no son supervisados por el gobierno, ni tienen que rendir cuentas por los desastres ambientales que causan. Como ávido niños mimados, que en repetidas ocasiones han sido rescatados por el gobierno (¡que tal libre mercado!) para que puedan seguir asumiendo riesgos irresponsables, saqueando la tierra, envenenando los mares, enfermando comunidades, devastando regiones enteras, y embolsándose beneficios obscenos.

Este sistema corporativo de acumulación de capital trata los recursos de la Tierra, que dan sustento a la vida (las tierras arables, las aguas subterráneas, los humedales, los bosques, la pesca, el suelo marino, las bahías y los ríos y la calidad del aire), como ingredientes desechables de suministro presumiblemente ilimitado, que se consume o envenena a voluntad. Tal como lo demostró el derrame de BP en el Golfo de México, las consideraciones de costos pesan mucho más que las consideraciones de seguridad. Y como concluyó una investigación del Congreso: "Una y otra vez, parece que BP tomó decisiones que aumentaron el riesgo de explosión, sólo para ahorrarse tiempo y dinero".

En efecto, la función de la empresa transnacional no es promover una ecología sana, sino extraer tanto valor del mundo natural como sea posible, incluso si esto significa tratar el medio ambiente como una fosa séptica. Este capitalismo corporativo en expansión y nuestra frágil ecología están en curso de colisión, tanto así que los sistemas de soporte de la delgada exosfera -la delgada capa de aire fresco, agua y tierra vegetal del planeta- están en peligro.

No es cierto que los intereses político-económicos dominantes estén en un estado de negación acerca de todo esto. Mucho peor que la negación, han demostrado un franco antagonismo hacia aquellos que piensan que nuestro planeta es más importante que sus beneficios. Así que difaman a los ambientalistas como "eco-terroristas", "Gestapo de la EPA", "alarmistas del Día de la Tierra", "amantes de los árboles", y promotores de una "histeria verde".

En un gran alejamiento de la ideología de libre mercado, la mayoría de las deseconomías de las grandes empresas son impuestas sobre la población en general, incluyendo los costes de la limpieza de desechos tóxicos, el costo del monitoreo de la producción, el coste de la eliminación de efluentes industriales (que compone 40 a 60 por ciento de las cargas tratadas por las plantas de alcantarillado municipales financiadas por los contribuyentes), el costo de desarrollar nuevas fuentes de agua (mientras que la industria y la agroindustria consume el 80 por ciento del suministro de agua de la nación cada día), y los costos de la atención médica por enfermedades causadas por toda la toxicidad creada. Después de transferir al gobierno muchas de estas deseconomías, el sector privado se jacta de su gran eficiencia, supuestamente superior a la del sector público.

Los super-ricos son diferentes a nosotros

¿No sería un desastre ecológico una amenaza para la salud y la supervivencia de los plutócratas corporativos al igual que lo es para nosotros, los ciudadanos comunes? Podemos entender por qué las grandes corporaciones querrían destruir la vivienda pública, la educación pública, el Seguro Social, Medicare y Medicaid. Estos recortes nos acercarían a una sociedad de libre mercado carente de la financiación pública "socialística" de servicios humanos que tanto detestan los reaccionarios. Y estos recortes no privarían a los super-ricos y sus familias de nada. Los super-ricos tienen más de la riqueza privada suficiente para adquirir cualquiera de los servicios y la protección que necesitan para sí mismos.

Pero el medio ambiente es una historia diferente, ¿no? ¿Acaso estos ricos reaccionarios y sus grupos corporativos de presión no habitan el mismo planeta contaminado que los demás, acaso no comen los mismos alimentos químicamente contaminados, ni respiran el mismo aire tóxico? De hecho, no; no viven exactamente como todos los demás. Experimentan una realidad de clase distinta, a menudo residen en lugares donde el aire es notablemente mejor que en las áreas de ingresos bajos y medios. Tienen acceso a alimentos orgánicos, especialmente transportados y preparados.

Los vertederos tóxicos de la nación y las autopistas por lo general están lejos de sus elegantes vecindarios. De hecho, los super-ricos no viven en vecindarios como tales. Por lo general, residen en extensos terrenos rodeados de áreas boscosas, arroyos, praderas, y sólo unas pocas bien controladas carreteras de acceso. Sus árboles y jardines no son tratados con aerosoles de pesticidas. La tala indiscriminada no afecta sus ranchos, haciendas, y bosques familiares, ni sus lagos y sus centros vacacionales.

No obstante, ¿no deberían temer la amenaza de un apocalipsis ecológico provocado por el calentamiento global? ¿Quieren ver destruida la vida en la Tierra, incluyendo sus propias vidas? En el largo plazo, de hecho están sellando su propio destino, junto con el de todos los demás. Sin embargo, como todos nosotros, no viven en el largo plazo, sino en el aquí y el ahora. ¿Lo que está en juego para ellos es algo más próximo y más urgente que la ecología mundial, son sus ganancias globales. El destino de la biosfera parece una abstracción distante en comparación con el destino inmediato de sus enormes inversiones.

Con la vista puesta en el balance, los líderes de las grandes empresas saben que cada dólar que una empresa gasta en cosas raras como la protección del medio ambiente es un dólar menos de ganancia. Alejarse de los combustibles fósiles y hacia la energía solar, eólica o pelágica podría ayudar a evitar el desastre ecológico, pero seis de las diez mejores empresas industriales del mundo están involucradas principalmente en la producción de petróleo, gasolina y vehículos a motor. La contaminación por combustibles fósiles trae miles de millones de dólares en retornos. Y los grandes productores están convencidos de que las formas ecológicamente sostenibles de producción son una amenaza para dichos beneficios.

La ganancia inmediata para uno mismo es una consideración mucho más convincente que una pérdida futura compartida por el público en general. Cada vez que usted conduce su automóvil, pone su necesidad inmediata de llegar a algún lugar por delante de la necesidad colectiva para evitar el envenenamiento del aire que todos respiramos. Lo mismo es válido con los grandes actores: el costo social de convertir un bosque en un desierto pesa poco en contra de la ganancia inmensa e inmediata que proviene de la cosecha de la madera que representa dinero en efectivo. Y siempre se puede racionalizar: hay muchísimos otros bosques para que la gente se pasee, no necesitan este; la sociedad necesita la madera; los leñadores necesitan los puestos de trabajo, y así sucesivamente.

El futuro es ahora

Pero algunos de los mismos científicos y ecologistas que ven la crisis ecológica como urgente nos advierten de una crisis climática catastrófica "al final de este siglo". Pero para eso falta unos noventa años, cuando todos nosotros, y la mayoría de nuestros hijos, estaremos muertos -lo que hace que el calentamiento global sea un tema mucho menos urgente.

Hay otros científicos que logran ser aún más irritantes al advertirnos de una crisis ecológica inminente, luego poniéndola aún más lejos en el futuro: "Vamos a tener que dejar de pensar en términos de millones de años y comenzar a pensar en términos de siglos", dijo un sabio científico, citado en el New York Times en 2006. ¿Se supone que esto debe ponernos en alerta? Si una catástrofe global está a un siglo o a varios siglos de distancia, ¿quién va a tomar las decisiones terriblemente difíciles y costosas, cuyos efectos se harán sentir en un futuro tan lejano?

A menudo se nos dice que debemos pensar en nuestros nietos, que serán las víctimas de todo esto (llamado que, normalmente, se hace en tono suplicante). Pero la mayoría de los jóvenes con los que converso en las universidades tienen dificultades para imaginar el mundo en el que sus inexistentes nietos vivirán en treinta o cuarenta años.

Debemos olvidarnos de estos llamados. No tenemos siglos o generaciones, ni siquiera décadas, antes de que los desastres estén sobre nosotros. La crisis ecológica no es una urgencia a distancia. La mayoría de quienes estamos vivos hoy probablemente no tendremos el lujo de decir "Après moi, le déluge" porque todavía estaremos aquí cuando empiece la catástrofe. Sabemos que esto es cierto, porque la crisis ecológica ya está actuando sobre nosotros con un efecto acelerado y agravado y que pronto será irreversible.

La locura de la especulación

Es triste decirlo, el medio ambiente no puede defenderse por sí mismo. Depende de nosotros proteger lo que queda de él. Pero todos lo que los súper ricos quieren es continuar transformando la naturaleza viva en mercancías y las mercancías en capital muerto. Los inminentes desastres ecológicos no significan nada para los saqueadores corporativos ya que la naturaleza viva no tiene valor para ellos.

La riqueza es adictiva. La fortuna despierta el apetito por mayor fortuna. No hay fin a la cantidad de dinero que uno podría desear acumular, impulsado por la sagrada fama, la maldita hambre de oro. Así que los adictos al dinero cogen cada vez más para sí mismos, más de lo que se puede gastar en un millar de vidas de ilimitada indulgencia, impulsada por lo que empieza a parecerse a una patología obsesiva, una monomanía que borra toda consideración humana.

Los súper-ricos están más apegados a sus riquezas que a la Tierra en la que viven, más preocupados por el destino de su fortuna que por el destino de la humanidad, tan poseídos por su afán de lucro que no ven el desastre que se avecina. Hay una caricatura del New Yorker que muestra a un ejecutivo corporativo hablando en una reunión de negocios: "Y así, mientras que el escenario del fin del mundo estará lleno de horrores inimaginables, creemos que el período de pre-fin estará lleno de oportunidades de lucro".

No es una broma. Hace años comenté que quienes negaban la existencia del calentamiento global no cambiarían su opinión hasta que el Polo Norte comenzara a derretirse (nunca pensé que empezaría a derretirse en mi vida). Hoy estamos frente al derretimiento del Ártico con sus terribles implicaciones para las corrientes oceánicas del golfo, los niveles de las aguas costeras, toda la zona templada del planeta y la producción agrícola mundial.

Entonces, ¿cómo están respondiendo los capitanes de la industria y las finanzas? Como era de esperarse al igual que los especuladores monomaníacos. Ellos escuchan la música: ca-ching, ca-ching. En primer lugar, el deshielo del Ártico abrirá un paso directo entre los dos grandes océanos, un sueño más antiguo que Lewis y Clark. Esto hará más cortas y más accesibles las rutas del comercio mundial. Ya no tendrán que cruzar por el Canal de Panamá o el Cabo de Hornos. Los menores costos de transporte significan más comercio y mayores beneficios.

En segundo lugar, alegremente notan que el deshielo está abriendo vastas reservas de petróleo a la perforación. Podrán seguir perforando en busca de más de los mismos combustibles fósiles que están causando la calamidad que desciende sobre nosotros. Más deshielo significa más petróleo y más beneficios, tal es el mantra de los propulsores del libre mercado, que piensan que el mundo les pertenece sólo a ellos.

Imaginemos ahora que estamos todos dentro de un gran autobús a toda velocidad por un camino que se dirige hacia una caída fatal en un profundo barranco. ¿Qué harían nuestros adictos a las ganancias? Estarían corriendo de arriba a abajo del pasillo, vendiendo cojines y cinturones de seguridad a precios exorbitantes. Ya estaban preparados para esta oportunidad de venta.

Tenemos que levantarnos de nuestros asientos, y colocarlos bajo la supervisión de adultos, correr al frente del autobús, botar al conductor, agarrar el volante, frenar el autobús y darle la vuelta. No es fácil, pero quizá todavía sea posible. Para mí, ese es un sueño recurrente.

Michael Parenti ha impartido clases en numerosas universidades de Estados Unidos. Entre sus libros más recientes están God and His Demons (Prometheus) y The Face of Imperialism (Paradigma).

Traducción para www.sinpermiso.info: Antonio Zighelboim

viernes, 11 de marzo de 2011

La difícil unidad de las fuerzas antisistémicas

Ahora que el sistema atraviesa serias dificultades para sobrevivir a mediano plazo, la actitud de las fuerzas antisistémicas empieza a jugar un papel decisivo. Mucho antes de pensar en alguna forma de unidad o de coordinación estable, debe constatarse que coexisten en el universo de quienes están por cambios de fondo una gama de diferencias que dificultan una mínima visión común de los hechos.

Un buen ejemplo es la actitud hacia la revuelta árabe y, muy en particular, el caso de Libia. Hay amplios sectores antisistémicos –o que dicen serlo– que simpatizan con Kadafi, observan la revuelta en su contra como una maniobra occidental y no dan mayor importancia a la masacre que el régimen está haciendo contra su propio pueblo. Una parte de este sector, y no me refiero sólo a algunos gobernantes, siguió con simpatía las revueltas triunfantes en Túnez y en Egipto, pero no así en aquellos países cuyos gobiernos tienen algún grado de enfrentamiento con Estados Unidos. Una hipotética revuelta popular en Irán, o en China, por ejemplo, no sería acompañada por amplios sectores que se entusiasman con revueltas similares en otros países.

Esta es apenas una de las múltiples contradicciones que atraviesan el campo anti imperial-capitalista. Todo indica que a medida que la crisis se vaya profundizando y las contradicciones se hagan más virulentas y complejas, las diferencias se harán mayores. Sin pretender agotar el tema sino apenas abrir un debate, parece necesario abordar cuatro aspectos en los que hoy se manifiestan hondas diferencias.

El primero es la actitud hacia el Estado. En el seno de los antisistémicos hay por lo menos dos posiciones contrapuestas: convertirse en Estado o rechazar ese camino para construir algo diferente. Parece evidente que la mayor parte de los movimientos están a favor de la primera opción, para la cual trabajan de modo consistente ya sea por la vía electoral o por la insurreccional o, más frecuentemente, combinando las dos. A medida que se profundiza la descomposición del sistema, parece crecer la oposición interna a los gobiernos progresistas y los alineados con el socialismo del siglo XXI, lo que tiende a reabrir un debate que iniciaron los zapatistas y algunos intelectuales en la década de 1990.

Los problemas que presenta este camino son evidentes y en esa coyuntura se hacen aún más nítidos. El riesgo de legitimar el orden mundial y de usar el aparato estatal para lo que realmente ha sido creado: controlar y reprimir a los de abajo.

La segunda cuestión ha sido planteada semanas atrás por Immanuel Wallerstein al destacar las diferencias entre quienes optan por el desarrollo y la modernidad y quienes llaman a un cambio civilizatorio, sobre todo los movimientos indígenas que apelan al buen vivir. Es cierto que este es un asunto crucial del cual depende el modo como se vaya a resolver la crisis sistémica, pero no está en absoluto separado de la primera opción.

Si las fuerzas que buscan cambiar el mundo optan por el camino estatal, esa lógica impone sostener el Estado del que se han hecho cargo y, en consecuencia, deben asumir el desarrollo y profundizarlo. Es lo que están haciendo los gobiernos sudamericanos a través del extractivismo. Los estados necesitan recursos urgentes e ingentes que sólo pueden conseguir cediendo territorios a la acumulación por desposesión, lo que inevitablemente choca con la resistencia de los pueblos indígenas, con campesinos y pobres urbanos.

En teoría, se puede argumentar, habría otros caminos desde el Estado. Pero los hechos dicen lo contrario. El resultado es una creciente polarización social y política, inherente al extractivismo, que hace que el Estado sea cada vez más Estado y las resistencias cada vez más porfiadas. Por el contrario, los que rechazan el camino estatal se han abocado a construir formas de poder rotativas, territoriales o no, que ya no responden a la familia de los estados-naciones.

El tercer problema se relaciona también con estas opciones. Las fuerzas antisistémicas pertenecen a dos grandes familias culturales: las que responden a la forma-Estado, como los partidos, y las que anclan su potencia en las diversas formas que asumen las comunidades. Éstas pueden ser las tradicionales comunidades indígenas renovadas y democratizadas, o bien comunidades urbanas y campesinas, pero siempre responden a otra forma de construcción.

En las coordinaciones entre estas fuerzas, por más flexibles y horizontales que sean, la cultura de la representación y la de la democracia directa suelen chocar y los entendimientos no son sencillos. Pero tienden a ser las organizaciones estadocéntricas –desde los partidos y las grandes centrales sindicales hasta las ONG– las que terminan apoderándose de los espacios comunes, monopolizando la palabra y convirtiéndose en representantes de la diversidad que, mal que nos pese, queda marginada.

No niego que en este terreno se ha avanzado bastante, que se ha conseguido construir espacios colectivos donde el respeto a la palabra y la identidad de los otros es incomparablemente mayor que antaño. Sin embargo, estamos ante una dificultad que debe ser debatida y no ocultada.

En cuarto lugar, está la cuestión de la ética. ¿Es posible compatibilizar Estado y ética? Para ser más preciso: ¿cómo se puede llevar ética a un tipo de relación, como la estatal, que separa rigurosamente medios y fines? El Estado es una relación instrumental, racional, vertical, una herramienta adecuada para mandar mandando que no puede mandar obedeciendo porque entraría en implosión, si es que su propio modo de hacer no lo impide por la fuerza.

En estos momentos tan cargados de esperanza que vivimos, asumir estos debates con serenidad supone aceptar los límites de ambas estrategias. Quienes apostamos a un camino no estatal sabemos que no estamos en condiciones, por el momento, de ir más allá de experiencias locales y regionales. Unos y otros nos necesitamos y podemos hacer juntos, a condición de colocar la honestidad y la ética en el timón de mando.

Raúl Zibechi. La Jornada

lunes, 7 de marzo de 2011

El hambre de ganancias infla el precio de la comida

Fondos de alto riesgo acaparan toneladas de un producto para disparar su precio. Un tercio de los ingresos de Goldman Sachs procede de las materias primas.

Un apresurado moscovita cruza la Plaza Roja ataviado con una apocalíptica mascarilla. Moscú está cercado por el fuego provocado por el verano más tórrido de la historia. La inclemencia meterológica no sólo deja imágenes inéditas. La mayor sequía en cien años azota el continente y se lleva por delante las cosechas de trigo del sur del país. El primer ministro, Vladimir Putin, impone una excepcional medida para contener los precios: no habrá exportaciones de trigo hasta 2011.

Al otro lado del mundo, un trader (intermediario) del mayor mercado de materias primas del mundo hace sus cálculos. Rusia es el tercer exportador del mundo de este cereal y Canadá, el segundo, tendrá una de sus peores cosechas en tres años. La oportunidad está servida en bandeja. En apenas dos días (4 y 5 de agosto), el trigo sube un 8,42% y los volúmenes que mueve chocan con los topes impuestos por la entidad reguladora para contener la especulación en un mercado tan delicado. En el último semestre de 2010, el alza acumulada llega al 44%. Y subiendo.

Soros, que invierte en materias primas, reconoció sus efectos "dañinos"

El efecto mariposa se extiende seis meses después al pequeño poblado tunecino de Sidi Bou Zid. El precio de la harina, y el de otros alimentos, se ha duplicado. Túnez, junto con Egipto e Irak, es uno de los principales importadores de trigo ruso. El joven Mohamed Bouazizi se quema a lo bonzo, angustiado porque le han quitado su negocio y no puede alimentar a su familia.

Como este ciclo, especialmente hiperbólico e intenso, se repiten cada año en el mundo secuencias de sucesos producidos por la alteración de los precios de los alimentos, inflados por la acción de los grandes inversores institucionales. El desenlace de estos capítulos es, en el mejor de los casos, una revuelta, porque en la mayoría de las ocasiones lo que se desencadena son hambrunas.

"La especulación financiera impacta en los precios". Expertos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la FAO o el Banco Mundial concuerdan en este punto. Los expertos de estas organizaciones declinan hablar o prefieren no ser citados cuando se les pregunta por el rol de los fondos de alto riesgo (hedge funds), pero asumen que su papel es clave ya que amplifican los efectos de una mala cosecha o un inesperado repunte de la demanda.

Nueve de cada diez operaciones financieras son especulativas

Sin embargo, cuantificar en el precio el impacto de la especulación es casi imposible, según los expertos. El Instituto para la Agricultura y la Política Comercial de EEUU (IATP), recoge los datos de un estudio preparado por una consultora en el que se atribuye al efecto de la especulación hasta un 31% a la subida del precio del maíz en julio de 2008, la anterior burbuja de los precios de los alimentos.

Actores

El que lo tiene muy claro es el gurú financiero George Soros, que fue llamado a testificar ante una Comisión del Senado estadounidense en 2008 para explicar el papel de la especulación en la subida de los precios de materias primas. De "inestabilizador" y "dañino" tildó el magnate la entrada masiva de especuladores en las materias primas, pese a lo cual, siguen siendo sus inversiones favoritas (sobre todo oro y crudo) a día de hoy.

Un índice de Goldman Sachs invierte 100.000 millones de dólares

"Hay tres tipos de actores en el mercado financiero. Están los intermediarios de derivados, los índices que siguen a materias primas y los hedge funds. Entre un 12% y un 16% de los actores que influyen en el precio de las materias primas no comercian realmente con ellas", explica un antiguo intermediario del Chicago Board, el mayor mercado de materias primas del mundo. "El volumen de Chicago ha superado los 300.0000 millones de dólares y en tres años se ha triplicado. El 80% de los que participan en este mercado son bancos de inversión", concreta este experto.

Entre todos los participantes, el más poderoso es el indestructible (por ser uno de los pocos supervivientes de la hecatombe financiera) banco de inversión Goldman Sachs, que en 2008 logró un tercio de sus ingresos netos (alrededor de 1.500 millones de dólares) gracias a su inversión en materias primas. Su índice Goldman Sachs Commodity Index pasó de tener una inversión de apenas 8.000 millones de dólares en el año 2000 a atesorar en la actualidad 100.000 millones de dólares que invierte contra la evolución de las materias primas (incluido el petróleo). Sólo en 2010, el índice se revalorizó un 50%, con una subida cercana al 10% en diciembre. En lo que va de año, el ascenso ya roza el 14%.

Estos miles de millones fluyendo hacia la inversión en materias primas provocan una alta inestabilidad en el precio de las materias primas. "Cuanto más volumen se negocia, mayor es la volatilidad", explica el economista de la FAO Abdolreza Abbassian.

La especulación con los alimentos es tan vieja como la propia agricultura, pero su atractivo como instrumento de lucro se disparó en la década pasada al descubrirse como una oportunidad de inversión única. La rentabilidad está asegurada porque la demanda mundial, en línea con la subida de la población y el mayor poder adquisitivo de los países emergentes, garantiza su crecimiento de forma consistente. "No hay prácticamente otro producto en el que invertir en estos momentos cuya demanda real sea tan clara, es decir, que tenga tan buenos fundamentales", apunta Francisco López Ollés, experto en materias primas y divisas. "Al final, todo esto es resultado de las operaciones de los bancos centrales para que haya más liquidez en los mercados (el conocido como quantitative easing). El dinero tiene que buscar rentabilidad en algún lado", concluye.

El director del sector financiero del IE Business School, Manuel Romera, recuerda que "de cada diez operaciones, nueve son especulativas". Sin embargo, Romera apunta a que "el derivado el producto financiero suele ser arrastrado por el subyacente el producto agrícola real". Para especular en el mercado de las materias primas no hace falta tener ni un gramo real del producto que se comercializa.

El mercado padece de los mismos defectos regulatorios que el resto de la negociación de productos financieros derivados. Las operaciones Over the Counter (sobre el mostrador) se realizan sin apunte electrónico, por lo que no se sabe quién vende o quién compra en el mercado. El control de estas operaciones es una de las principales demandas de los expertos internacionales.

Además, hay un desajuste regulatorio entre EEUU y Europa que en tiempo de un mercado global no tiene sentido. Así, en Estados Unidos, que tiene su propia Comisión para regular el mercado de las materias primas, se han puesto límites a los volúmenes y a la banda de fluctuación de los precios sobre los alimentos, para que no se pueda alterar el precio real de la mercancía. En Europa, no existen esas barreras en determinadas materias, como el azúcar, el café y el cacao. La FAO ha detectado que para aprovecharse de ello, se envían cargamentos enteros de este producto desde Nueva York, hasta Ámsterdam, Amberes o Hamburgo, para que se pueda negociar allí con ellos sin límite.

Aunque la supervisión para un mayor control está en marcha (Londres, otro de los mayores mercados del mundo, ha prometido tenerla preparada para 2012), el lobby de los bancos de inversión y de los grandes intermediarios agrícolas está presionando para retrasar, y aligerar, la posible puesta en marcha de estas nuevas normativas.

"El rol de los hedge funds es muy controvertido. Es uno de los grandes factores, pero no el único. Tanto la oferta como la demanda están muy ajustadas y eso tensa el mercado", contemporizan desde la OCDE, recordando que hay otras muchas cuestiones que engordan el precio de los alimentos. "En mi opinión, los fondos de inversión terminan siguiendo la tendencia más que creándola. La amplifican", sentencian las mismas fuentes de la organización.

Un solo fondo de inversión compró el 7% de la producción mundial en un día

Un sólo ‘hedge fund' tiene agarrado por el cuello desde hace meses a todos los productores de chocolate del mundo. El fondo Armajaro, pilotado por un conocido ejecutivo británico, Anthony Ward, apodado como ‘Chocfinger' (dedo de chocolate), compró el pasado julio hasta 240.000 toneladas de cacao, el equivalente al 7% de la producción mundial, en una sola operación. La compra, que se hizo en el mercado Euronext, donde no hay límites sobre este tipo de materia, disparó el precio del cacao hasta sus máximos desde 1977. Las miles de toneladas de cacao siguen acumuladas, según confirmaron fuentes conocedoras de la operación a este periódico, en los almacenes de Hamburgo, Amberes y Ámsterdan. Ward ha apostado por el cacao, ya que uno de sus principales productores, Costa de Marfil, está virtualmente en guerra civil, con lo que escaseará el producto en breve. Según el diario británico ‘The Daily Telegraph', George Soros invierte en este fondo de inversión.

Belén Carreño. Público



domingo, 6 de marzo de 2011

Cinco causas de la insurrección árabe

¿Cuáles son las causas del vendaval de libertad que, de Marruecos a Bahréin, pasando por Túnez, Libia y Egipto, sopla sobre el mundo árabe? ¿Por qué motivos estas simultáneas ansias de democracia se expresan precisamente ahora?

A estas dos preguntas, las respuestas son de diversa índole: histórica, política, económica, climática y social.

1. Histórica. Desde el final de la Primera Guerra Mundial y la implosión del Imperio otomano, el interés de las potencias occidentales por el mundo árabe (Oriente Próximo y África del Norte) ha tenido dos principales incentivos: controlar los hidrocarburos y garantizar un hogar nacional judío. Después de la Segunda Guerra Mundial y del traumatismo universal del Holocausto, la creación del Estado de Israel, en 1948, tuvo como contrapartida la llegada al poder, en varios Estados árabes liberados del colonialismo, de fuerzas antisionistas (opuestas a la existencia de Israel): de tipo “militar nacionalista” en Egipto y Yemen, o de carácter “socialista árabe” en Irak, Siria, Libia y Argelia.

Tres guerras perdidas contra Israel (en 1956, 1967 y 1973) condujeron a Egipto y a Jordania a firmar tratados de paz con el Estado judío y a alinearse con Estados Unidos que ya controlaba –en el marco de la Guerra Fría– todas las petromonarquías de la península Arábiga así como el Líbano, Túnez y Marruecos. De este modo, Washington y sus aliados occidentales mantenían sus dos objetivos prioritarios: el control del petróleo y la seguridad de Israel. A cambio, protegían la permanencia de feroces tiranos (Hasán II, el general Mubarak, el general Ben Alí, los reyes saudíes Faisal, Fahd y Abdalá, etc.) y sacrificaban cualquier aspiración democrática de las sociedades.

2. Política. En los Estados del pretendido “socialismo árabe” (Irak, Siria, Libia y Argelia), bajo los cómodos pretextos de la “lucha antiimperialista” y de la “caza de comunistas”, también se establecieron dictaduras de partido único, gobernadas con mano de hierro por déspotas de antología (Sadam Hussein, Al Assad padre e hijo, y Muamar al Gadafi, el más demencial de ellos). Dictaduras que garantizaban, por lo demás, el aprovisionamiento en hidrocarburos de las potencias occidentales y que no amenazaban realmente a Israel (cuando Irak pareció hacerlo fue destruido). De ese modo, sobre los ciudadanos árabes, cayó una losa de silencio y de terror.

Las olas de democratización se sucedían en el resto del mundo. Desaparecieron, en los años 1970, las dictaduras en Portugal, España y Grecia. En 1983, en Turquía. Tras la caída del muro del Berlín, en 1989, se derrumbó la Unión Soviética así como el “socialismo real” de Europa del Este. En América Latina cayeron las dictaduras militares en los años 1990. Mientras tanto, a escasos kilómetros de la Unión Europea, con la complicidad de las potencias occidentales (entre ellas España), el mundo árabe seguía en estado de glaciación autocrática.

Al no permitirse ninguna forma de expresión crítica, la protesta se localizó en el único lugar de reunión no prohibido: la mezquita. Y en torno al único libro no censurable: el Corán. Así se fueron fortaleciendo los islamismos. El más reaccionario fue difundido por Arabia Saudí con el decidido apoyo de Washington que veía en él un argumento para mantener a los pueblos árabes en la “sumisión” (significado de la palabra ‘islam’). Pero también surgió, sobre todo después de la “revolución islámica” de 1979 en Irán, el islamismo político que halló en los versos del Corán argumentos para reclamar justicia social y denunciar la corrupción, el nepotismo y la tiranía.

De ahí nacieron varias ramas más radicales, dispuestas a conquistar el poder por la violencia y la “Guerra Santa”. Así se engendró Al Qaeda…

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las potencias occidentales, con la complicidad de las “dictaduras amigas”, añadieron un nuevo motivo para mantener bajo férreo control a las sociedades árabes: el miedo al islamismo. En vez de entender que éste era la consecuencia de la carencia de libertad y de la ausencia de justicia social, agregaron más injusticia, más despotismo, más represión…

3. Económica. Varios Estados árabes padecieron las repercusiones de la crisis global iniciada en 2008. Muchos trabajadores de estos países, emigrados en Europa, perdieron su trabajo. El volumen de las remesas de dinero enviadas a sus familias disminuyó. La industria turística se marchitó. Los precios de los hidrocarburos (en aumento estas últimas semanas a causa de la insurrección popular en Libia) se depreciaron. Simultáneamente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) impuso, a Túnez, Egipto y Libia, programas de privatización de los servicios públicos, reducciones drásticas de los presupuestos del Estado, disminución del número de funcionarios… Unos severos planes de ajuste que empeoraron, si cabe, la vida de los pobres y sobre todo amenazaron con socavar la situación de las clases medias urbanas (las que tienen precisamente acceso al ordenador, al móvil y a las redes sociales) arrojándolas a la pobreza.

4. Climática. En este contexto, ya de por sí explosivo, se produjo, el verano pasado, un desastre ecológico en una región alejada del mundo árabe. Pero el planeta es uno. Durante semanas, Rusia, uno de los principales exportadores de cereales del mundo, conoció la peor ola de calor y de incendios de su historia. Un tercio de su cosecha de trigo fue destruida. Moscú suspendió la exportación de cereales (que sirven también para nutrir al ganado) cuyos precios inmediatamente subieron un 45%. Ese aumento repercutió en los alimentos: pan, carne, leche, pollo… Provocando, a partir de diciembre de 2010, el mayor incremento de precios alimentarios desde 1990. En el mundo árabe, una de las principales regiones importadoras de esos productos, las protestas contra la carestía de la vida se multiplicaron…

5. Social. Añádase a lo precedente: una población muy joven y unos monumentales niveles de paro. Una imposibilidad de emigrar porque Europa ha blindado sus fronteras y establecido descaradamente acuerdos para que las autocracias árabes se encarguen del trabajo sucio de contener a los emigrantes clandestinos. Un acaparamiento de los mejores puestos por las camarillas de las dictaduras más arcaicas del planeta…

Faltaba una chispa para encender la pradera. Hubo dos. Ambas en Túnez. Primero, el 17 de diciembre, la auto-immolación por fuego de Mohamed Buazizi, un vendedor ambulante de fruta, como signo de condena de la tiranía. Y segundo, repercutidas por los teléfonos móviles, las redes sociales (Facebook, Twitter), el correo electrónico y el canal Al-Yazeera, las revelaciones de WikiLeaks sobre la realidad concreta del desvergonzado sistema mafioso establecido por el clan Ben Alí-Trabelsí.

El papel de las redes sociales ha resultado fundamental. Han permitido franquear el muro del miedo: saber de antemano que decenas de miles de personas van a manifestarse un día D y a una hora H es una garantía de que uno no protestará aislado exponiéndose en solitario a la represión del sistema. El éxito tunecino de esta estrategia del enjambre iba a convulsionar a todo el mundo árabe.

Ignacio Ramonet – Consejo Científico de ATTAC

lunes, 28 de febrero de 2011

La especulación con alimentos básicos, un negocio seguro para los mercados

Según diferentes especialistas, 2010 ha sido el año con una de las mejores cosechas de la historia. Sin embargo las materias primas básicas como el trigo, el maíz o el azúcar subieron de media un 25%. Las causas hay que buscarlas en la especulación bursátil con estas materias primas y en un modelo de alimentación industrial dependiente del petróleo. Naciones Unidas ya habla de una situación “muy preocupante”. Túnez prendió la mecha, y las revueltas ya se han extendido a Egipto o Yemen entre otros. En el Estado español, el sector ganadero es el más afectado por la subida de los cereales.

‘Commoddities’, mercados de futuros, apalancamientos... la Bolsa habla y sube el pan. Desde 2007 una nueva terminología ha invadido los medios de comunicación desconcertando a todas las personas que sólo entienden una cosa: que desde que se especula en bolsa con materias primas básicas como el trigo o el azúcar, los precios de los alimentos se han multiplicado de manera astronómica para provocar una profunda crisis alimentaria que ya en 2008 incrementó el número de personas hambrientas en 100 millones. Apenas tres años después el drama se repite. Según la FAO, en enero, por séptimo mes consecutivo, el precio de los alimentos alcanzaba un récord histórico al aumentar un 3,4% respecto a diciembre de 2010. Esto representa la mayor subida de los últimos 20 años, superando incluso los niveles de junio de 2008, epicentro de la crisis alimentaria.

De momento las revueltas por el alza de los precios ya se contagian de un pueblo a otro. Túnez, Egipto, Argelia o Jordania son los primeros que han reaccionado ante una subida de un 25% respecto a los precios del año pasado. Pero esta nueva crisis no llega por sorpresa. A finales de 2009, Olivier De Schutter, relator especial de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación, afirmaba: “Quizá sea en abril de 2010 o de 2011, pero tendremos una nueva crisis de precios de los alimentos porque las causas directas del incremento de 2008 aún están ahí”.

Según afirma para DIAGONAL Ferrán García, de Veterinarios sin Fronteras, “casi una tercera parte de las compras de cereales a futuros se encuentran en manos de actores ajenos al sector, es decir, actores que especulan con el alimento mediante, por ejemplo, fondos de inversión. Son los que están ahora empujando los precios del trigo”. La especulación es uno de los puntales por los que, por ejemplo, el precio del trigo casi se haya duplicado en seis meses. “La inversión en materias primas genera muchos beneficios y es algo muy seguro. Los precios de los alimentos van disparados hacia arriba en la bolsa”, apunta este experto de Veterinarios sin Fronteras.

Mientras, los diarios económicos y los intermediarios financieros llaman a apostar por los cereales enumerando las “buenas perspectivas” que harán de la inversión todo un éxito. Lo que rara vez se nombra como origen de la subida de los precios es a los especuladores. “Yo prefiero referirme a los inversores financieros, que mueven mucho el mercado y tienen un gran peso en el comportamiento del precio”, declaraba en octubre Juan Ignacio Crespo, director europeo de Thomson Reuters, al diario Expansión.

El acento lo ponen en otras cuestiones como la escasez de tierra cultivable, una reducción de las cosechas o el cambio climático. “Ése también fue el argumento de 2008. Pero es falso. De hecho, la producción de cereales de 2010 es la tercera mayor de la historia”, cuenta Ferrán García. Junto a la especulación financiera encontramos otra causa en la escalada del valor de las materias primas: es el crecimiento de población. Según la FAO, se espera que el número de personas en los países en vías de desarrollo crezca un 70% entre 2007 y 2050. Este aumento, que ya se está dando en algunos países, está incrementando la demanda de cereales.

Para García, “en algunos países como China e India ha subido el consumo interno, como pasó aquí hace años. El problema está en que la manera de satisfacer ese consumo es a través de la agricultura y ganadería industrial”. Ambos modelos son muy dependientes del petróleo, se utilizan muchos fertilizantes, embalajes, transporte. “Por eso cuando hay un alza del precio del petróleo repercute mucho en el precio de los cereales”, sentencia García. Según Ana Etchenique, vicepresidenta de la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU), “esta visión intensiva e industrial de la ganadería hace que se fomente mucho el consumo de carne y que, por lo tanto, el grano vaya a alimentar al ganado en vez de a las personas. Esto está pasando en los países en desarrollo y en Europa. Comer tanta carne nunca ha sido habitual en ninguna cultura”.

En 2008, el uso de cereales como agrocombustibles también supuso un factor determinante para el alza de los precios. “Este año realmente sólo puede ocurrir con el azúcar. El peligro real de los agrocombustibles es más ambiental y social”, sentencia García.

Pero la repercusión del encarecimiento de los alimentos no es la misma en todas partes, sobre todo en los países más empobrecidos donde dedican entre un 70 y 80% de sus ingresos a alimentación. “Este extremo en el Norte no se nota. Aunque cada vez hay más bolsas de exclusión”, sentencia el experto de Veterinarios sin Fronteras. De hecho, según el Instituto Nacional de Consumo, en el Estado español se dedica una quinta parte de los salarios a alimentación, y aunque la subida global de precios aún no se ha visto reflejada en los últimos datos del IPC, Ferrán García afirma que a nivel estatal se traslada con retraso y sobre todo a los alimentos procesados. “Lo más perverso –explica García– es que debido a las previsiones los precios pueden subir más de lo que en realidad deberían”. Algo que ya ocurrió en la anterior crisis.

Según explica a DIAGONAL Felipe Medina, del sindicato agrario COAG, “en el Estado español el último IPC general es del 3,3%, y esto va a repercutir entre la ciudadanía tarde o temprano, ya que el poder adquisitivo es menor que en 2008”. Para Medina de momento uno de los sectores más afectados por la subida de los cereales es el de la ganadería, porque en muchos de los casos el cereal que se compra para pienso es importado. “El sector ganadero no va a poder repercutir esa subida en los precios de venta a los intermediarios y distribuidoras, mientras que éstas últimas sí que aprovechará esa subida e incrementarán sus márgenes de beneficio. Siempre a costa de los ganaderos y ganaderas” anuncia Medina.

ACAPARAMIENTO DE TIERRAS

Desde 2008, los intereses inversores se esfuerzan por controlar tierra agraria en Asia, África y América del Sur. Al principio, a inicios del 2008, la excusa para los países del Golfo Pérsico, Corea del Sur, Libia o Egipto era lograr la seguridad alimentaria. Con el paso del tiempo, fueron los grupos financieros quienes comenzaron a acaparar tierra en el Sur. En este caso el argumento empleado era la necesidad de diversificar intereses y propiedades. Según la revista agraria Grain, “hasta la fecha han cambiado de mano más de 40 millones de hectáreas, más de la mitad en África”. Una situación que también se empieza a extender al Norte, como denuncia que ocurre en Andalucía Manuel Rodríguez, del Sindicato Andaluz de los Trabajadores.

Fuente: Diagonal

viernes, 25 de febrero de 2011

Solidaridad con las rebeliones sociales del Norte de África

Comunicado de ATTAC España

ATTAC España observa con alegría y preocupación las revueltas y revoluciones democráticas y sociales que están produciéndose en el Magreb árabe y bereber. Nadie, hasta hace muy poco tiempo, pensaba que los países del norte de África serían capaces de rebelarse frente a sus dictaduras o que un proceso revolucionario se desencadenaría en zonas a las que el eurocentrismo miraba con cierto desdén y suficiencia. Olvidábamos, o tal vez ignorábamos, que en Túnez y Egipto hace ya tiempo que numerosas huelgas obreras se estaban reprimiendo con sangre, que en ambos lugares, pero también en otros, numerosos presos políticos y de conciencia poblaban las prisiones, es decir que había una resistencia organizada, reprimida y, lo peor, ocultada por numerosos medios que ahora se apuntan a las revueltas y les dan soporte.

ATTAC Túnez y ATTAC Marruecos han tenido presos políticos en sus respectivos países, y de hecho en el momento de escribir este comunicado tememos por la suerte de varios hermanos marroquíes, por lo que debemos denunciar que las dictaduras del Magreb han sido sostenidas, armadas y apoyadas por la Unión Europea y los Estados Unidos, con la excusa de su colaboración en “la guerra contra el radicalismo islámico”. En este paquete incluimos a la Libia de El Gadhafi, desde hace al menos diez años aliado de Occidente.

Todos los países del Norte de África vivían regímenes autoritarios, de los que por ahora solo Túnez y en apariencia Egipto se han librado, y estos estados africanos han mantenido relaciones económicas privilegiadas con la U.E. y los EE.UU. Tales relaciones siguen siendo intensas en el caso del aprovisionamiento de hidrocarburos, pero también han recibido el dinero de los dictadores, sus familias y allegados, así como numerosos negocios recíprocos entre las oligarquías de ambos espacios. Hay, pues, una gran hipocresía por parte de nuestros gobernantes, y la democracia solo ha llegado o llegará gracias al valor y la determinación de sus pueblos. Nada más ha influido en tales procesos, o en los que en Marruecos y Argelia se están iniciando.

Las revueltas y la revolución tunecina tienen un origen social al que no le es ajena la nueva burbuja que el capitalismo financiero internacional está explotando ahora: la burbuja alimentaria. La especulación y el acaparamiento de alimentos con fines especulativos han generado la firme respuesta popular, que se puede reproducir en más lugares del mundo, pues esta situación no ha hecho más que comenzar.

ATTAC España constata además con satisfacción cómo estos pueblos han exigido democracia. Las ciudadanas y los ciudadanos árabes han sido y están siendo capaces de exigirla y reclamarla en Libia, Argelia y Marruecos, constituyéndose en los portavoces exclusivos de un empoderamiento cívico y democrático.

ATTAC España constata además que estas protestas cívicas se extienden por numerosos puntos del mundo árabe, lo que denota también un gran fallo de las políticas occidentales hacia ellos al seguir apoyando a monarquías corruptas.

ATTAC afirma que todo esto es también una respuesta a las políticas neoliberales impuestas a los pueblos, y cuyo fin acabarán estos exigiendo en todo el mundo, junto con un reparto justo de las rentas, unas medidas fiscales justas, el desarrollo de los servicios públicos y el acceso universal a la educación, la salud, el agua y el crédito.

ATTAC entiende que todo esto es un estallido radicalmente democrático y por la justicia, que hay que apoyar y defender, y, consecuentes con ello, llama al seguimiento de la Jornada del 20 de Marzo de 2011, convocada por el Foro Social Mundial en defensa de los pueblos árabes y de todos los procesos de cambio y avance del mundo, puesto que la solidaridad se demuestra de forma activa.


El G20 en París: La crisis y los alimentos

Entre el 18 y 19 de febrero en París, bajo la presidencia francesa de 2011, se realizó la reunión de ministros de Finanzas y titulares de los bancos centrales del G20, con eje en la reforma del sistema financiero internacional y la volatilidad de los precios internacionales de las mercancías. (1)

Allí discutieron los administradores gubernamentales del 85% de la riqueza mundial y el 66% de la población total.

El G20 discute la crisis de la economía mundial, que en la coyuntura se manifiesta con “la subida de los precios de las materias primas, el potencial sobrecalentamiento de las economías emergentes y los problemas de deuda soberana en los países avanzados” (2), para decirlo en el lenguaje del poder mundial.

Al poder le preocupa el efecto “rebeldía” producido en África con la suba de los alimentos y la emergencia de un bloque de países que pueda disputar la hegemonía capitalista, o limitarla, desde un ciclo de dos velocidades.

Por un lado, en 2008, última alza importante en los precios internacionales de los alimentos, se registraron movilizaciones y protestas en Egipto (3), que fueron contenidas con la baja transitoria sucedida en el siguiente año, tiempo de la recesión mundial (claro que también con represión). Con el alza actual de los precios internacionales, especialmente del trigo, y el ajuste que pretendió el gobierno de Egipto, el resultado fue una gigantesca movilización que cambió el escenario político del país y la región. Ya no alcanzó la represión y muerte, habilitando un debate sobre el presente y el futuro más allá del país y la región.

Por otro lado, la recuperación económica desde el piso recesivo del 2009 se verifica durante el 2010, con claros problemas para expresarse del mismo modo en todas las regiones y países. Desde comienzo del 2010 se hizo evidente la continuidad y profundización de la crisis en Europa, evidenciando tiempos y ritmos disímiles de reactivación. Es un proceso diferente en el Norte y en el Sur. El consenso es que la mayoría de las economías avanzadas está experimentando un crecimiento modesto, con alto desempleo, mientras que las “economías emergentes” están experimentando un crecimiento más robusto y algunas de ellas “signos de recalentamiento". El director general del FMI, Dominique Strauss-Khan, presente en la reunión, ha subrayado que “una reactivación mundial a dos velocidades está ya en curso” (4), refiriéndose así al desequilibrio entre países ricos y países emergentes que se pretende corregir en esta cumbre.

El G20 alude a riesgos por "las tensiones en los mercados de deuda soberana de las economías avanzadas". En efecto, la deuda externa pública de EEUU alcanza a 3,5 billones de dólares (5), que se extiende a más de 13 billones sumando la pública y la privada, constituyéndose en el 100% del PBI estadounidense (6). Si se añade la deuda de los países europeos y Japón nos encontramos con un cuadro de compromiso importante con riesgo de profundizar la crisis en curso.

En el cónclave de ministros hubo preocupaciones por las presiones inflacionarias asociadas al crecimiento de algunos países, por los fuertes flujos de capital en dirección de algunos “emergentes” que pueden generar "burbujas". Sin duda remite a China, a quien se presiona para que aprecie su moneda, exporte menos y se comprometa con compras al capitalismo desarrollado para ayudarlos a superar el lento crecimiento luego de la recesión del 2009. La preocupación por la inflación está asociada al crecimiento de los precios de los alimentos y el impacto entre los más pobres y su conflictividad.

Otra de las motivaciones de los organizadores apuntó a fijar una regulación financiera que proteja al sistema económico en su conjunto, para lo cual propusieron un fortalecimiento del papel del FMI como entidad rectora del sistema mundial. No alcanza con la verificación de corresponsabilidad del organismo en la crisis actual, sino que se reincide en afirmar su papel, poniendo de manifiesto el interés del poder mundial en la continuidad del proceso de liberalización de la economía.

Las propuestas tipo Tasa Tobin son tardías y apenas “parche” en la realidad de generalización especulativa vigente. Una cosa era su fundamentación al comienzo de los 70´ por su mentor (James Tobin) para “poner un grano de arena a los engranajes financieros” que anticipaban la especulación que llevará a las burbujas posteriores, sus explosiones, y la crisis actual. Otra también es el momento de re significación de la propuesta por la red ATTAC en todo el mundo a fines de los 90´, que actuó como propuesta educativa sobre lo que se podía y debía hacer. Ahora, no alcanza con un impuesto, y la necesidad apunta a desarmar la institucionalidad de la especulación asociada a paraísos fiscales y ganancias sustentadas en la superexplotación de la fuerza de trabajo y la destrucción de la naturaleza.

La continuidad de la crisis

La presidencia de la reunión, para afrontar la crisis que sufren directamente los países más desarrollados del capitalismo, pretendía definir indicadores para el crecimiento, e incidir en la reforma del sistema monetario internacional y en la regulación financiera a favor de la liberalización que demanda el capital más concentrado. Ese fue el marco para analizar la volatilidad de los precios y la propuesta para regular los derivados sobre materias primas.

El objetivo del G20 sigue siendo la crisis de la economía mundial, en una semana donde el Banco Central de Portugal anunció la recaída en recesión de ese país, y cuando el Banco Mundial ratifica el menor crecimiento de la economía mundial (7). No hay recesión, pero si desaceleración (8). Por ello las preocupaciones siguen concentradas en “nivelar los desequilibrios comerciales globales”, llamar la atención sobre “las elevadas deudas de los países capitalistas desarrollados”, y el “auge de los precios de los productos agrícolas”.

Lo que los países capitalistas desarrollados pretenden es salir de la crisis de desaceleración de sus economías vendiendo más y comprando menos, superar el déficit comercial y disminuir el superávit comercial de países como China, Brasil u otros emergentes. Buscan definir “indicadores económicos para medir los desequilibrios mundiales”. Pretenden que los países no acumulen reservas y que gasten la que tienen acumulada, unos 52.000 millones de dólares para el caso argentino, y más de 500.000 millones de dólares para la región latinoamericana. Ni que hablar de los 3 billones de dólares que mantiene China como reservas internacionales.

El objetivo de la reunión era nivelar los desequilibrios comerciales globales y el auge de los precios de los productos agrícolas. Desde las autoridades francesas se buscó definir “indicadores económicos para medir los desequilibrios mundiales”, impedido por reticencias de los países “emergentes”, con China a la cabeza. Se proponían cuatro criterios: dos para medir los desequilibrios internos de un país (déficit y deuda públicos de un lado, ahorro privado del otro) y dos para los desequilibrios externos (saldo de la balanza de cuenta corriente o de la balanza comercial, y reservas cambiarias y tipos de cambio reales). China rechaza subordinarse a esa estrategia, sustentado en el poder de sus exportaciones y capacidad productiva, habiéndose colocado como el segundo PBI mundial, superando a Japón y a Alemania, relegados al tercer y cuarto lugar entre los países de mayor creación de riquezas. La solución de compromiso de avanzar con indicadores de referencia sin capacidad disciplinadora da cuenta de la vulnerabilidad del sistema mundial y la incapacidad de la hegemonía mundial en el G20 para “ordenar” el capitalismo en crisis.

Argentina y Brasil, entre los mayores productores y exportadores mundiales de alimentos, se oponen a cualquier propuesta de regular los precios de las materias primas. "Lo que nosotros vamos a defender es la posición de Argentina -que también es la que lleva Brasil- respecto a que no es una buena propuesta intentar que nuestros países no cobren los precios que los mercados dan por los bienes que producimos" (9), anticipó Amado Boudou, Ministro de Economía de la Argentina. En la misma nota se lee que si Francia piensa "que hay que aumentar la oferta de alimentos, no va a ser por este camino por el cual se va a lograr". Según la misma fuente, señaló que Argentina "viene haciendo un fuerte aporte, sobre todo en África, en lo que es transferencia tecnológica y para que lleguen las técnicas de producción de alimentos a otros países".

Agreguemos, que además de los temas de agenda del G20, uno de las motivaciones de Amado Boudou en París, pasa por avanzar en las negociaciones con el Club de París, una deuda externa de la Argentina que se mantiene impaga y que puede terminar acrecentando obligaciones a cubrir en el corto plazo con el presupuesto público por 7.500 a 9.000 millones de dólares. Vale mencionar que existe un espacio nacional conformado por legisladores, personalidades y movimientos sociales que demandan considerar a esa deuda como odiosa, por haber sido contraída mayoritariamente en tiempos de la dictadura.

Está claro que la presencia argentina en el debate del G20, del mismo que la de Brasil y otros países “emergentes” están asociados a la disputa por un lugar en la división social “capitalista” del trabajo. Hay que interrogarse si ello supone solución a las demandas sociales más extendida, por trabajo y salario, y más aún por un modelo productivo y de desarrollo de carácter alternativo al hegemónico actual.

Los franceses en la presidencia del G20 son los principales impulsores de regulaciones restrictivas al precio de las materias primas y al establecimiento de estrictos indicadores económicos, al tiempo que asignan primacía al fortalecimiento del FMI como ordenador del sistema financiero mundial. China, Brasil o Argentina defienden su posición de países superavitarios del comercio mundial, con importantes reservas. Es más, contrario a esa orientación, Argentina desarrolla en la actualidad una política económica de restricción a las importaciones, exceptuando a las provenientes de Brasil y Uruguay, privilegiando las relaciones con los vecinos del Mercosur, pero intentando mantener mayores exportaciones que importaciones, más allá del necesario debate escamoteado sobre qué tipo de productos son los que determinan el comercio internacional de la Argentina, tanto importaciones como exportaciones. China se resiste a la revaluación de su moneda, el yuan, y es conocida la política brasileña de fuerte asistencia estatal en defensa de sus empresas industriales.

Pero no solo alimentos o cuestiones monetarias explican las contradicciones de estos países con los poderosos del mundo. China que ocupa un lugar estratégico en el manejo de los “minerales raros” no atiende las demandas contra su política económica. En un mensaje reciente de Fidel Castro a los intelectuales, dado en la Feria internacional del Libro de La Habana difundido el 15 de febrero del 2011 por la TV cubana y que puede verse en youtube, el Jefe de la revolución cubana destaca el vínculo estrecho entre el cambio climático y el precio de las materias primas. (10)

Por su parte, Leonardo Boff nos desafía a pensar que “El futuro se juega entre quienes están comprometidos con la era tecnozoica con los riesgos que encierra y quienes, asumiendo la ecozoica, luchan para mantener los ritmos de la Tierra, producen y consumen dentro de sus límites y ponen su interés principal en perpetuarse y en el bienestar humano y de la comunidad terrestre”. (11)

En una carta a la presidenta argentina se reflexiona sobre el país “devastado” y de la responsabilidad de “nuestros gobernantes desde hace décadas, desde los milicos y antes de los milicos y después de los milicos, que es lo grave.” Tanto como el hecho de “congelar nuevamente la Ley de Glaciares, para muchos de nosotros es inexplicable ese entusiasmo por la minería a cielo abierto, que es la próxima catástrofe de la Argentina.” Concluye destacando que “El territorio argentino está siendo arrasado, Señora. Lo recorro año a año; veo el deterioro. Cambia nuestra geografía, peligran las aguas, los bosques, ahora las montañas. La minería a cielo abierto es un crimen y en muchos países está prohibida. Igual que la soja transgénica.” (12)

Las transnacionales van detrás de los recursos naturales y los bienes comunes, la tierra, el agua, y cuentan con la solidaridad de sus Estados de origen para sus demandas, y por eso buscan restricciones al precio de las materias primas. La sola mención de tratamiento del tema indujo una baja en las cotizaciones de la soja, del trigo y el maíz, entre otros productos agrícolas. Ni Argentina ni Brasil están dispuestos a resignar el precio de mercado de los bienes que producen. Es un debate que coloca en el centro de la discusión la crisis alimentaria, que de un lado tiene el aumento de la producción de alimentos y del otro el mantenimiento y agravamiento del hambre de millones de personas.

La crisis alimentaria

La explicación debe encontrarse en el modo de producción actual, donde las transnacionales de la alimentación y la biogenética se encuentran al mando de un ciclo productivo global que subordina el conjunto de la producción mundial, favoreciendo cierto consumo, despoblando el campo, y condenando al hambre a millones de personas. Basta pensar en la extensión sojera en nuestro país y en los países del Mercosur para verificar la hipótesis.

Los movimientos sociales agrarios articulados en la red mundial “vía campesina” (13) demandan un nuevo modelo productivo agrícola sustentado en la agricultura familiar para que las comunidades aseguren su sustento y solo exporten el excedente.

Nuestros países están entre mantener el modelo definido por las transnacionales y las nuevas presiones del capitalismo desarrollado motorizadas desde el G20, o definir otro rumbo productivo, lo que supone otro modelo de desarrollo para otro país y para otro mundo, consigna que define sintéticamente el programa del Foro Social Mundial.

Siguiendo el razonamiento de “vía campesina” (14), la explicación de la contradicción entre el aumento de la producción agraria y el hambre, está en el control “oligopólico que unas pocas empresas tienen del comercio agrícola mundial, de los principales productos, como: soya, maíz, arroz, trigo, leche y carnes; pues ellas imponen un precio, independientemente del costo real de producción”. A ello adicionan el impacto de la “especulación” con la compra de títulos, por ejemplo, sobre “las próximas siete cosechas de soya del mundo” y la inversión de bancos “en mercancías agrícolas, para protegerse de la crisis general”. Agregan que “La producción agrícola de agrocombustibles”, sustentados en precios del petróleo en alza, “termina empujando la tasa medía de ganancia en la agricultura”.

La combinación del monopolio de las transnacionales de la alimentación y la biogenética, con la especulación y la utilización de alimentos para la producción de energía y consumo de animales, eleva el costo de la producción remanente para consumo humano. El modelo de consumo derivado del modo de producir agricultura y ganadería en este comienzo del Siglo XXI está contribuyendo a sustentar una revolución agrícola al tiempo que incrementa la insatisfacción proteica de millones de personas en el mundo agravado el cuadro de desigualdad que hoy reconocen todos los estudios sobre el tema.

Convengamos que la institucionalidad global (OMC y otros) y las legislaciones nacionales se han ido adecuando para favorecer este modelo productivo. No puede pensarse en la extensión de la capacidad de producción y exportación de soja en Argentina (15), por ejemplo, al margen de las reformas neoliberales de los 80´ y los 90´, especialmente con la autorización para la producción transgénica en la segunda mitad de la década pasada. La pelea por las patentes en el plano internacional explica el interés de la dominación transnacional en la innovación a todo nivel. Existe una dialéctica virtuosa entre los cambios jurídicos impulsados por las políticas hegemónicas de cuño neoliberal de los 90´, aplicadas en los países del cono sur de América, con la expansión de la frontera agrícola del ciclo de la soja. Es al mismo tiempo una dialéctica viciosa que afecta otros desarrollos productivos, como los de la carne, induciendo el modelo de los feedlot (engorde intensivo), la exportación vinculada al ascenso de los precios de los mejore cortes, con los consiguientes encarecimientos de los precios y restricciones al consumo de carne de sectores de menores recursos.

La consecuencia de este proceso según Bruneto y Stedile es que “En las últimas dos décadas con el proceso de internacionalización del capital y de las empresas capitalistas, los precios de los alimentos se internacionalizaron. Esto determina que los parámetros de producción y de los precios no son más el costo real de producción de alimentos en cada país, sino que se establece un precio medio mundial, controlado por las empresas, que excluye completamente otras formas de producción, locales, campesinas, etc.” Concluyen señalando que “la lucha por la soberanía alimentaria que los movimientos de la Vía Campesina en todo el mundo adoptaron como prioridad es más que correcta, es necesaria y urgente”. (16)

Necesidad de cambios estructurales

El problema es que no puede escindirse la crisis contemporánea de la integralidad de funcionamiento del sistema capitalista, y que las medidas que discute o anuncia el poder mundial, expresado por el G20 son funcionales a mantener y desarrollar el capitalismo en esta época.

El capitalismo empuja la liberalización y el crecimiento económico a costa de la sociedad, especialmente de sus trabajadores, y por eso se mantiene elevado el desempleo. No es efecto no querido, sino consecuencia directa de la forma que asume la explotación en nuestro tiempo. Ello supone la disminución absoluta y relativa del ingreso de los trabajadores promoviendo una mayor desigualdad. Algo que se pone de manifiesto con el avance del consumo suntuario favorecido por una gigantesca intervención de los Estados nacionales para promover el salvataje de empresas en crisis entre 2008 y 2010. Pero no solo a costa de la sociedad, sino también de la naturaleza, expresado entre otras cuestiones en el efecto invernadero por la emanación recurrente de gases tóxicos derivados del modo concreto de producción.

El fracaso del G20, no solo en este encuentro de París, sino en todas sus cumbres anteriores es reflejo de la imposibilidad de resolver la crisis alimentaria, energética, ambiental, financiera y económica, sin resolver integralmente la cuestión, lo que impone una crítica profunda al orden capitalista y a la necesidad de pensar en otro orden social para satisfacer las necesidades de la población mundial.

Notas:

1) “Bienvenidos a la presidencia francesa del G20” Consultado el 19 de febrero de 2011 en: http://www.g20.org/index.aspx

2) “El G20 ve el precio de materias primas y la deuda como lo mayores riesgos”. Miércoles, 16 de Febrero de 2011. Consultado el 19 de febrero de 2011 en Latindad, Red Latinoamericana sobre Deuda, Desarrollo y Derechos: http://www.latindadd.org/index.php?option=com_content&view=article&id=1371:el-g20-ve-el-precio-de-materias-primas-y-la-deuda-como-lo-mayores-riesgos&catid=38:noticias&Itemid=114

3) Héctor Huergo. “La nueva arremetida de los precios”, Clarín, suplemento rural del sábado 19 de febrero de 2011, página 3. El autor sostiene que “Hay un denominador común en la crisis política que agita a los países del norte de África y Medio Oriente. Es el alto precio de los alimentos, en especial del trigo. Ya había habido agitación social en Egipto en el 2008, cuando se dispararon los precios de los granos.”

4) “Primera reunión del G20 en París bajo presidencia francesa”. En rfi, publicado el viernes 18 de febrero de 2011 y consultado el 19 de febrero de 2011, en: http://www.espanol.rfi.fr/economia/20110218-primera-reunion-del-g20-en-paris-bajo-presidencia-francesa

5) Eric Toussaint. “Crisis Global. Del Norte al Sur del planeta: la deuda en todos sus estados”. Versión provista por el autor de la conferencia dictada en Ecuador, en la sede del Banco Central, el 27 de enero del 2011.

6) http://www.bea.gov/

7) “El Banco Mundial prevé una desaceleración del PIB mundial en 2011. Alerta de la amenaza para el crecimiento de los problemas del sector financiero en algunos países de ingreso alto”. En Finanzas.com del 13 de enero del 2011, consultado el 19 de febrero del 2011 en: http://www.finanzas.com/noticias/economia/2011-01-13/411362_banco-mundial-preve-desaceleracion-mundial.html

8) Ib. La previsión para el 2011 es 3,3% del PBI mundial contra un 3,9% del 2010. “…el organismo estima un mayor crecimiento de los países en desarrollo -al 7% en 2010, 6% en 2011 y 6,1% en 2012-, superando así a los países de ingreso alto, que se proyecta llegarán a niveles del 2,8% en 2010, 2,4% en 2011 y 2,7% en 2012. Así, el Banco Mundial considera que la economía mundial se desplaza desde una fase de repunte posterior a la crisis hacia un crecimiento lento…”

9) Argentina se opondrá en el G-20 a regular los precios de las materias primas. Diario Clarín, Suplemento económico IEco del 17 de febrero de 2011, consultado el 19 de febrero de 2011 en: http://www.ieco.clarin.com/economia/Argentina-G-20-regular-precios-materias_0_214500016.html

10) http://www.youtube.com/watch?v=hWcasFrlkxI

11) Leonardo Boff. El difícil paso del tecnozoico al ecozoico. Difundido por el Servicio Informativo "Alai-amlatina" el 18 de febrero del 2011. Tecnozoico alude a un tiempo de utilización de la ciencia y la técnica para explotar recursos naturales en beneficio de unos pocos y ecozoico, relativo a mantener la vitalidad y equilibrio de la tierra.

12) Mempo Giardinelli. Sobre mentiras y naturaleza. Carta abierta a la presidenta. En Página 12, del 15 de febrero de 2011, consultado el 20 de febrero de 2011 en: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-162379-2011-02-15.html

13) http://www.viacampesina.org/sp/

14) Egidio Bruneto y Joao Pedro Stedile. Militantes del MST y de la Vía Campesina. Las causas del aumento de precios y de la crisis alimentaria en el mundo (Traducción Minga Informativa de Movimientos Sociales). En: http://www.movimientos.org/show_text.php3?key=18963

15) Para 1993 la extensión sembrada de soja para las principales provincias productoras era de 5.300.000 has, ascendiendo a 10.200.000 has en 2001. Para el conjunto del país era de 14.500.000 en 2003-04 y 16.600 en 2007-08. Fuente INDEC, consultado el 19 de febrero de 2011, en: http://www.indec.mecon.ar/ Se estima un total de 20 millones de hectáreas para la cosecha actual.

16) Ib.

Julio C. Gambina es Profesor de Economía Política en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario, UNR. Profesor invitado en posgrado en diversas Universidades de Argentina y el exterior. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP. Integrante del Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO.


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