lunes, 8 de agosto de 2011

Islandia. Rebelión en la cuna del bienestar

ISLANDIA COMO ESPEJO DEL 15-M

El pequeño país del confín de Europa tuvo el dudoso honor de mostrar el camino del desastre al resto del continente. La crisis reventó en un Estado hasta entonces modélico. Tres años después, la isla va recuperando el pulso.

La plaza del Parlamento de Reikiavik tiene en verano un aspecto alegre y desenfadado, especialmente cuando luce el sol. Las terrazas de los bares se llenan y los jóvenes se tumban en la hierba frente al edificio del Parlamento y alrededor de la estatua de Jon Sigurdsson, uno de los prohombres de la independencia, que no llegó hasta 1944. Quedan lejos los días en los que la plaza fue escenario de manifestaciones contra los financieros y políticos que llevaron a Islandia a la ruina; quedan lejos los tiempos en los que los islandeses tomaron la calle y se convirtieron en un ejemplo para ciudadanos de otros países, entre ellos los indignados españoles, algunos de los cuales peregrinan ahora a Islandia como quien acude a la fuente de la revuelta.

Lo que los islandeses califican como kreppa (catástrofe) provocó en octubre del 2008 que este pequeño país de 320.000 habitantes sufriera un colapso financiero que llevó a la quiebra a sus principales bancos y devaluó la corona hasta un 60%. De repente, el país señalado como uno de los más prósperos del mundo, una isla en la que según las encuestas vivían los ciudadanos más felices, se veía sumido en una fuerte depresión que todavía hoy arrastra.

En un soleado día de verano, Reikiavik parece, con sus casas pintadas de colores y la gente paseando por su calle Mayor, Laugavegur, la ciudad más tranquila del mundo, pero si uno entra en uno de los bares de la plaza del Parlamento, el Islanski Barinn, verá junto al mostrador dos fotos muy significativas. La primera es de 1949, cuando la policía lanzó botes de humo para dispersar a los que se manifestaban en la plaza contra la base norteamericana; la segunda es del 2009, cuando los manifestantes lanzaron botes de pintura contra el edificio del Parlamento.

«En estas dos fotos están representadas dos generaciones de islandeses», comenta Einar, un economista afectado, como casi todos, por la crisis. «La de mi padre en la primera, la mía en la segunda. La verdad es que la primera no tuvo éxito, ya que la base norteamericana no se desmontó hasta el 2004. Las segundas manifestaciones no sabemos como terminarán, pero provocaron nuevas elecciones, un cambio de Gobierno y enviar a algunos financieros a la cárcel. Y aún siguen».

Cuando en otoño del 2008 estalló la crisis financiera, el trovador Hördur Torfason se plantó en la plaza del Parlamento con un altavoz, invitando a que la gente expresara su indignación. A partir de esta anécdota, una multitud armada con cacerolas y sartenes se citó en la plaza todos los sábados para hacer público su ruidoso descontento. Así nació la Revolución de las Sartenes, con numerosos manifestantes pidiendo la dimisión del Gobierno, al que consideraban cómplice de los financieros que habían llevado al país a la ruina, y un nuevo escenario político.

Primer ministro procesado

El 20 de enero del 2009 las protestas arreciaron y un joven osado logró escalar la fachada del Parlamento para plantar la bandera de Bonus (un cerdo rosa sobre fondo amarillo), los supermercados más famosos de Islandia, vinculados a uno de los grupos financieros responsables de la crisis. Unos días después la policía lanzó gases lacrimógenos contra la multitud y, cuando ya se contaban 14 semanas de protestas, el 26 de enero Geir H. Haarde se rindió y anunció que dimitía como primer ministro.

«Fueron muchos los que vinieron a manifestarse ante el Parlamento y admito que no fue agradable para nosotros», recuerda Katrin Juliusdóttir, ministra de Turismo e Industria. «Yo sabía que no era nada personal, ya que se manifestaban contra el sistema y contra la recesión, pero fueron días difíciles. Bueno, conviene aclarar que había dos tipos de manifestantes; por un lado los pacíficos, a los que era más difícil mirar a los ojos; de hecho, yo quería estar con ellos. Por otro lado estaban los violentos. Con estos no estaba de acuerdo. Eran pocos, pero eran los que salían en las noticias».

El 1 de febrero del 2009 subió al poder un nuevo Gobierno de izquierdas, dirigido por Jóhanna Sigurdardóttir, una lesbiana de la Alianza Socialdemócrata que se casaría con la autora teatral Jónína Leósdóttir en junio del 2010. Una de sus primeras decisiones, aplaudida por los indignados islandeses, fue echar al histórico David Oddson, un gobernador del Banco Central que parecía incombustible, ya que había sido anteriormente alcalde de Reikiavik, primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores.

En las elecciones del 25 de abril del 2009 triunfó la oposición y la Alianza Socialdemócrata y la Izquierda Verde pudieron formar un nuevo Gobierno con mayoría parlamentaria. El Partido de la Independencia, que había estado 18 años en el poder, perdió una tercera parte de los votos y nueve escaños. El 10 de mayo del 2009 tomó posesión el nuevo Gobierno, con Jóhanna Sigurdardóttir como primera ministra.

El empuje del pueblo llevó al cambio de Gobierno y al encarcelamiento de algunos financieros, como Sigurdur Einarsson, detenido en Londres en marzo de este año, y de políticos como Baldur Gudlaugsson, exsecretario del Ministerio de Finanzas, condenado el pasado abril. Por otra parte, se ha iniciado un proceso contra el que fuera primer ministro, Geir H. Haarde.

Sin embargo, a pesar de este espectacular vuelco, el pueblo islandés ha decidido continuar alerta, ya que sigue desconfiando de los políticos tradicionales. Después de que el Gobierno islandés aceptara un acuerdo con Inglaterra y Holanda para devolver unos 4.000 millones de euros, que los ciudadanos de estos países habían depositado en bancos islandeses y que habían perdido con la crisis del 2008, los islandeses recogieron firmas para celebrar un referéndum, en marzo del 2009, en el que el No arrasó, con un 93% de los votos. Un segundo acuerdo, más favorable para los islandeses, también fue rechazado en abril del 2011, en esta ocasión con un 59% de votos en contra, dejando claro que muchos ciudadanos se niegan a pagar los errores de sus corruptos banqueros y de los políticos cómplices.

«Lo que pasó en el 2008», apunta Baltasar Samper, un catalán que lleva 50 años en Islandia, «es que unos banqueros jóvenes y ambiciosos se cargaron la economía del país. Ahora nos dicen que todos estábamos en el mismo baile. Quizá, pero ellos bailaban más que nadie. Fueron tiempos de despilfarro. La gente se puso a gastar, ya que los créditos eran muy fáciles de conseguir».

Lo que sucedió en octubre del 2008, y en los años que precedieron a la crisis, está recogido en un informe de 2.400 páginas que apunta a una treintena de banqueros, empresarios y políticos como responsables de la kreppa (catástrofe). Los datos ya eran alarmantes antes del batacazo: los tres bancos principales de Islandia ¿Glitnir, Landsbanki y Kaupthing¿, privatizados en el 2001, tenían una deuda externa combinada que excedía en seis veces el PIB de la nación. Operaban en 20 países y habían comprado empresas punteras en Inglaterra y en Dinamarca. Los banqueros corruptos se concedían créditos a si mismos, a sus amigos y a políticos amigos, sin ninguna garantía. Eran aquellos años en que todos veneraban a los BuyKings, que eran lo más parecido a los jeques árabes que había entonces en Europa.

Aún desconfían

No es extraño que, tras la crisis, los islandeses sigan desconfiando de sus políticos, como lo prueba que en mayo de 2010 decidieran elegir alcalde de Reikiavik al actor cómico Jón Gnarr, que se presentó con un programa alternativo en el que prometía toallas gratis en las piscinas públicas, un Parlamento libre de drogas y un oso polar para el zoo de animales domésticos de Reikiavik.

Islandia sigue cambiando, lo que lleva a Hallgrímur Helgason, autor de la novela de culto Reykiavik 101, a la siguiente reflexión: «Lo mejor de la crisis han sido las manifestaciones. Por primera vez en muchos años, la gente reaccionó y se montó una pequeña revolución. Los islandeses estábamos tan cabreados que salimos a la calle para decir que no queríamos aquel Gobierno que había sido cómplice de los financieros que nos hundieron. No tienen perdón: lo capitalizaron todo, explotaron a la gente».

Una nueva Constitución

En el marco de las reformas impulsadas por la presión de los ciudadanos, en noviembre del 2010 se eligió una Asamblea Constituyente para que redacte, en una iniciativa única de democracia directa, una nueva Constitución que sustituya a la actual. Para esta asamblea se eligieron 31 ciudadanos sin filiación política, avalados por un mínimo de 30 firmas, entre los que hay profesores, abogados, periodistas y camioneros, que mientras dure su trabajo recibirán un salario igual al de los diputados. La primera ministra, Johanna Sigurdardóttir, ha declarado: «Esperamos que la nueva Constitución será una nueva base social que nos llevará a la reconstrucción y a la reconciliación».

Es evidente que, tras la crisis, soplan vientos de cambio en Islandia y que los ciudadanos no están dispuestos a dar carta blanca a sus políticos. Mientras, en el noroeste del país una compañía noruega ha iniciado las prospecciones para ver si hay petróleo en esta isla volcánica. Si se confirman las previsiones, el dinero del petróleo puede ser la gran solución para una crisis que ha golpeado a Islandia hasta el extremo de enviar a la emigración económica a muchos de sus habitantes, como sucedía en el siglo XIX, cuando las erupciones volcánicas provocaron que una buena parte de la población emigrara a América en busca de un futuro mejor.

Foto: Manifestación ante el Parlamento islandés, en Reikiavik, el 1 de octubre pasado. La pancarta dice «mata al capitalismo». (REUTERS / INGOLFUR JULIUSSON)

Xavier Moret

El Periódico

http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/rebelion-cuna-del-bienestar-1107484

domingo, 7 de agosto de 2011

Caída (ya no tan libre)

El nuevo desplome de las bolsas de valores del mundo reitera la más antigua lección de la economía neoclásica: los mercados son inteligentes, tal como se repite en cualquier reunión de inversionistas y accionistas. Los mercados saben, por encima de cualquier juicio o valoración de sus observadores, cuándo las condiciones les son favorables y cuándo no. Es un saber peculiar, porque inhibe las posibilidades de que cualquier otro saber actúe de manera determinante sobre sus condiciones. Un saber, digamos, inalcanzable, insondable. Sabemos que saben, pero no cómo saben. La razón es simple y la explicó Niklas Luhmann alguna vez: no hay ningún observador en el mercado que puede ocupar un lugar en el que el conjunto de las condiciones que hacen posible su existencia sea observable. Es la inteligencia de un mecanismo, de una suerte de automatismo social, que se impone a cualquier augurio, ya sea pesimista u optimista.

Lo obvio es que el acuerdo adoptado el martes pasado en Washington por el presidente Barack Obama y una mayoría republicana para salir al paso del déficit público de Estados Unidos encerraba algo más que una burbuja política. Y al parecer lo único que logró fue confirmar el pesimismo que muchos le vaticinaban: volver a las fórmulas ya hoy convencionales de la desregulación no hace más que multiplicar las condiciones que en la actualidad inhiben a la economía estadunidense.

¿En qué consistió, en rigor, el pacto que firmaron una exótica mayoría de republicanos y demócratas (impugnados por otra exótica minoría de demócratas y republicanos) para hacer frente a la deuda del erario público? El acuerdo dejó intocadas las posibilidades de recaudar impuestos entre quienes concentran la mayor parte de los ingresos y las inversiones. Por el contrario, impuso el (trillado, se puede decir hoy) principio de que sólo recortando el gasto público (léase: una forma de desregulación) es posible reanimar la economía.

Pero los mercados son inteligentes. Y su lectura, tres días después de pactado el retorno a eso que Blaustein ha llamado la puerta del retrovirus, fue exactamente la contraria. Y lo que leyeron, como afirma el reporte de Goldman Sachs, fue precisamente la amenaza del retrovirus: si se recorta el gasto público en una época de implosión de inversiones lo que sigue es mayor desempleo. Si el desempleo aumenta, ¿quién va a comprar los bienes que produce la economía en su conjunto?

Las cifras sobre el desempleo estadunidense se han convertido en el objeto de una auténtica disputa nacional. La cifra oficial es de 9.4 por ciento. Un nivel que en Estados Unidos trae consigo alarmas rojas. Pero la mayoría de los observadores afirman que la cifra real es bastante mayor. Han proliferado los part time jobs (empleos de tiempo parcial); hay muchos que sólo tienen empleo unos cuantos meses al año (lo que obliga a preguntarse en qué momento se hace la estadística); y hay empleos que no debería ser definidos así (por ejemplo, cuando un solo salario se divide entre dos trabajadores, lo cual arroja la paradigmática ecuación de 2=1). Un recuento más acucioso podría arrojar cifras hasta de 13 por ciento de desempleo.

Las interpretaciones ameritan, por supuesto, ser más complejas que los argumentos retóricos que ha traído el debate sobre la política económica de Obama. El presidente negoció un acuerdo en el que efectivamente se hacen recortes al erario público por concepto de un trillón de dólares (¡pero en los próximos 10 años!) A cambio obtuvo la licencia para subir el techo de endeudamiento en 900 mil millones de nuevos ingresos. Dinero que está a disposición inmediata y será gastado en los próximos meses. ¿Por qué no funcionó entonces el acuerdo? ¿Por qué precipitó una nueva implosión en Wall Street?

La respuesta, al menos según Ulrich Beck, reside en el permanente olvido de un lugar que se ha vuelto un punto ciego para quienes homologan la economía exclusivamente con los mercados financieros, las estrategias de las tasas de interés y las políticas de inversión. Ese lugar no es otro que el de la producción. ¿Cuáles son las transformaciones que se han escenificado en el sótano más profundo del edificio económico en las últimas dos décadas? ¿Qué es lo nuevo realmente en la economía mundial?

Los robots, la digitalización de los procesos de producción, la cibernetización de todas y cada una de las operaciones de la economía, ¿no acaso han forjado un nuevo orden en el que no se reflexiona con detenimiento? Los índices de productividad en Estados Unidos han aumentado más en los últimos 20 años que en todo el siglo XX. También las cifras de las utilidades. La velocidad de disponibilidad de un producto (desde el momento en que se produce hasta que aparece en los anaqueles de las tiendas) ha crecido en las pasadas dos décadas mil 600 por ciento. Las compras y las ventas están separadas por un click, y todo el ejército de mensajeros y contadores que las administraban antes están viendo hoy, desempleados, la tv en sus casas.

Los viejos economistas habrían hablado de un cambio estructural. Y esta nueva estructura, tan intangible como lo es el mundo digital, es la que acaso está afectando a todo el edificio. Un edificio ya vetusto, sostenido por máximas y dogmas que quieren preservar los éxitos efímeros de un capitalismo que Toni Judt llamó con toda justificación parasitario.

Fue el Tea Party, ese grupo de conservadores delirantes, que impuso el acuerdo sobre la deuda estadunidense. Y Obama cedió. Transigió frente a una fuerza temida por lo seductor de sus argumentos y la contundencia de su retórica. Pero la discusión en torno al equilibrio del presupuesto federal, que divide a quienes insisten en recaudar más a través de impuestos y quienes impulsan el recorte al gasto público, encierra en realidad un tejido de reflexiones mucho más profundas que la retórica en la que vienen envueltas.

El impuesto moderno es una de las fábricas esenciales de la construcción de lo público. ¿Cuánto se paga al erario y cómo se debe gastar? es un debate que arrastra a una sociedad entera. Y el ataque deliberado y salvaje contra el concepto mismo de impuesto no tiene otro sentido más que la destrucción permanente de esa fábrica de lo público.

Pero las cosas no son, evidentemente, tan sencillas. Obama enfrentó la crisis de 2008 con una política cuasi keynesiana. Y, seamos sinceros, los resultados no fueron positivos. Por el contrario, el desempleo pasó de 6 por ciento a 9.5 por ciento. Exactamente los saldos opuestos a lo que se espera de una estrategia basada en la expansión de las responsabilidades públicas sobre la economía general. ¿Fue esa sombra la que pesó en el acuerdo que aumentaba el techo del endeudamiento? ¿Habría entonces que concluir que la herencia de Keynes ya no responde a la situación actual? Siempre es sencillo tirar toda una teoría por la borda frente a un caso aislado. ¿Pero qué tan aislado es el caso de las crisis que comienza en 2008 y no ha logrado más que ahondarse?

Si los orígenes profundos de este estado comatoso de las economías centrales se encuentran más bien en las transformaciones de la escena de la producción, ¿no habría entonces que pensar en reformas que alcancen esa complejidad? ¿Son posibles esos cambios remozando tan sólo el Consenso de Washington? Cuando los mercados saben al parecer todo y los economistas saben cada día menos, estas preguntas podrían devenir relevantes.

Ilán Semo

La Jornada

http://www.jornada.unam.mx/2011/08/06/opinion/023a1pol

Somalia: hambruna, caridad, hipocresía y culpa

De repente, nos sorprendemos al saber que decenas de miles de personas (sobre todo niños, los más vulnerables) han muerto de hambre en el Cuerno de África y que centenares de miles más pueden correr pronto el mismo destino. La mala conciencia de este mundo de opulencia y derroche hoy en crisis permite convocar una conferencia internacional, acordar donaciones millonarias, organizar un puente aéreo humanitario y apelar a la caridad o la solidaridad, difíciles de distinguir en estos casos.

Mal y tarde, de forma insuficiente y cicatera, esta crisis se superará, dejando atrás, eso sí, un reguero de cadáveres. Ya proliferan los reportajes estremecedores, los análisis que explican por qué ha sido inevitable y reparten culpas: sequía, corrupción, guerra, especulación… Superada más o menos la emergencia, esta hambruna se olvidará, como tantas en el pasado, pero no se hará lo necesario para evitar que se reproduzca en el mismo o cualquier otro lugar maldito del continente maldito por excelencia.

Nos escandalizaremos, y con toda la razón, de que pueda estallar una hambruna en un planeta de 7.000 millones de habitantes en el que se producen alimentos suficientes para 12.000 millones. O de que ricos países petroleros o asiáticos compren en África enormes extensiones de terreno cultivable cuyo fruto no sirve para satisfacer las necesidades de las poblaciones autóctonas sino para cubrir las menos imperiosas de los inversores, con frecuencia ni siquiera de comida, sino de combustible. O de que la globalización convierta las materias primas en un producto tan volátil como las siniestramente famosas hipotecas subprime, sujetas como ellas a manipulaciones criminales en los mercados, con la consecuencia de disparatados aumentos de precios: entre el 50% y el 200% para el maíz, el sorgo o el trigo en Etiopía, Kenia o Somalia, los países más azotados por esta plaga.

Para hallar a los verdaderos culpables del desastre hay que mirar a este Primer Mundo, cuyos habitantes se estremecen hoy ante el espectáculo lejano y ajeno de los vientres hinchados de niños somalíes y cuyos gobernantes hacen posible un sistema brutalmente insolidario que, mientras parchea esta emergencia, ya sienta las bases para la siguiente.

Luis Matías López
Periodista

Público http://blogs.publico.es/delconsejoeditorial/1645/somalia-hambruna-caridad-hipocresia-y-culpa/

sábado, 6 de agosto de 2011

Vertidos de Shell en el delta de Nigeria

En el Golfo de México, la petrolera BP contaminó durante cinco meses. En Ogoniland, en el sur de Nigeria, distintas petroleras, con Shell a la cabeza y Total y Agip detrás, llevan 50 años degradando la tierra, el agua, la vegetación y los recursos naturales. Es una polución lenta, silenciosa y duradera frente a la ruidosa del año pasado, contra la que hasta el mismo presidente estadounidense, Barack Obama, levantó la voz. Ayer se presentó en Londres el primer informe oficial, elaborado por Naciones Unidas, sobre la contaminación producida por la industria petrolera en Ogoniland, una décima parte del territorio del delta del río Níger.

Las conclusiones del estudio son demoledoras y la ONU propone que la industria petrolera y el Gobierno nigeriano pongan mil millones de dólares (700 millones de euros) inmediatamente para comenzar la limpieza del delta. Puede ser, advierten, la mayor operación de este tipo de la historia.

El informe señala a Shell, Total y Agip como culpables del desastre ambiental

Durante 14 meses, un equipo de investigadores ha estudiado el impacto de la polución en 200 puntos, ha examinado 122 kilómetros de oleoductos, ha analizado 5.000 fichas médicas y ha consultado a 23.000 personas para concluir los efectos de la contaminación en la vida y la salud de las comunidades de Ogoniland.

A la espera del Gobierno

En algunos de los lugares analizados el crudo ha penetrado ocho centímetros en la tierra que antes producía manglares. En otros puntos el agua contiene un nivel de sustancias tóxicas 900 veces por encima de lo permitido. El científico marino Olof Linden, uno de los autores del informe, aseguró ayer que "la pesca está muy afectada de forma directa por el agua sucia y también de manera indirecta por la contaminación de la vegetación, que contribuye a la degradación marina".

Unos 2.100 millones de litros de crudo han acabado en las orillas del Níger

Frente al devastador análisis medioambiental, el equipo de la ONU propone un programa de recuperación inmediato para el próximo año en el que comenzarían las operaciones de urgencia y se fijaría un periodo de transición para posteriores fases.

La recuperación total de Ogoniland, mil kilómetros cuadrados habitados por unas 70.000 personas, requerirá entre 25 y 30 años si se sigue al pie de la letra el programa de recuperación propuesto por la ONU. En términos económicos, los autores del informe no quisieron fijar la cifra de lo que costará la regeneración total de Ogoniland, más allá de los mil millones de dólares para el primer año y el periodo de transición.

El informe presentado ayer en Londres fue entregado el jueves al presidente de Nigeria, Goodluck Jonathan, en la capital del país, Abuya. Nick Nuttall, portavoz del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), espera y desea que el estudio no quede en agua de borra-jas o se lo coma el polvo en las estanterías.

"Sólo el tiempo dirá si este informe es útil o no, pero la señal dada el jueves por el presidente Jonathan, que es originario de la zona del delta del Níger, indica que quiere aplicar las recomendaciones, aunque antes tienen que digerirlas. En cuestión de semanas o meses sabremos si el Gobierno se lo toma en serio", señala Nuttall.

Los ciudadanos del delta viven 50 años de media. La mayor empresa petrolera en la zona es la Royal Dutch Shell, que en Nigeria opera como Shell Petroleum Development Company Ltd, una iniciativa conjunta con el Gobierno nigeriano y otras compañías petroleras representadas en menor proporción que la holandesa Shell. El científico jefe del PNUMA, Joseph Alcamo, aseguró que "en términos acumulativos, esta es la zona más contaminada del mundo, como ocurrió en algunos lugares de la ex- Unión Soviética en la década de 1990". Hoy en día un 10% del petróleo mundial sale de África.

El portavoz del PNUMA asegura que "el Gobierno de Nigeria aplica el principio de que quien contamina paga, por eso ha obligado a la industria a implicarse en la elaboración del informe, incluida la financiación". Para Nuttall, este dinero del petróleo no cuestiona la imparcialidad del estudio científico llevado a cabo por la ONU. "Yo sugiero que se lea el informe para ver que es imparcial en su metodología y para comprobar la independencia de los científicos que lo han hecho en nombre de la ONU".

Un 'Exxon Valdez' al año

A tenor de las cifras, en el delta del Níger, con numerosos afluentes y riachuelos, se han vertido 2.100 millones de litros de crudo en las cinco décadas en las que se ha extraído petróleo, a un ritmo de 42 millones de litros derramados cada año. Es una cifra muy superior a los 400 millones de litros vertidos el año pasado en el Golfo de México tras la explosión de la plataforma petrolífera de BP. En 1989, el petrolero Exxon Valdez encalló en aguas de Alaska y arrojó unos 41 millones de litros de crudo.

El equipo de la ONU que presentó ayer el informe señaló también los obstáculos con los que se ha topado para su elaboración, como la falta de normas de seguridad o médicas. "Ahora tenemos la base científica para resolver la polución de Ogoniland. Y espero que también tengamos la voluntad política, y con ella la económica, para aplicarla".

Conxa Rodríguez

La Voz de Asturias

http://lavozdeasturias.es/ciencias/onu-condena-vertidos-shell-delta-nigeria_0_530946974.html


#Africa no estás sola

África se muere de sed: http://www.nuevatribuna.es/articulo/medio-ambiente/2011-02-14/africa-muere-sed/2011030922464001107.html


Una declaración de hambruna como la de Somalia es un fracaso.

Pero ¿a quién se puede culpar de esa situación?

En el centro para el desarrollo de Nairobi, la capital de Kenia, los que trabajan en el campo de la ayuda humanitaria para el Cuerno de África están demasiado ocupados como para dedicarse a buscar responsables.

Pero en otros ámbitos no faltan comentarios al respecto.

Hambruna en Somalia: ¿y ahora qué?

Aquí les presento mi selección de los diez posibles culpables, que he compilado hablando con expertos, diplomáticos, funcionarios somalíes, trabajadores humanitarios y algunos de los propios afectados por la hambruna.

* Estados Unidos

* El Programa Mundial de Alimentos de la ONU

* El Gobierno Federal de Transición de Somalia

* Al-Shabab

* La hambruna y nuestra obsesión con ella

* Los medios de comunicación

* Kenia

* El resto de mundo

* El cambio climático

* El aumento de la población

Estados Unidos

Al gobierno de Washington sólo le interesa Somalia en relación con la llamada guerra contra el terror, la piratería y el petróleo, según afirman muchos.

EE.UU. se muestra demasiado aprensivo a la hora de otorgar ayuda monetaria a al-Shabab, el grupo militante islamista que controla grandes porciones de Somalia y al que vinculan con al-Qaeda.

Ello resulta en una actitud ambivalente hacia la ayuda en la nación africana que ha maniatado muchos programas humanitarios cruciales.

"Los estadounidenses quieren lo imposible", me dijo con indignación un funcionario europeo.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU

Esta organización cuenta con la infraestructura necesaria para poner fin a la hambruna, pero como depende en gran medida de la financiación de EE.UU. y no es ajena al politiqueo, ha tenido problemas para conseguir las garantías necesarias para acceder a los territorios controlados por al-Shabab.

Para ser justos, hay que decir que la situación es mucho más complicada que todo eso, como he podido comprobar en primera persona.

Muchos trabajadores del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas han sido asesinados en Somalia, lo que da motivos a la organización para actuar con cautela.

Además, por su tamaño no pudo pasar desapercibida como otras agencias de la ONU. Pero el liderazgo de la organización, como algunos argumentan, tiende a un estilo de diplomacia de megáfono que no siempre ayuda a hacer amigos sobre el terreno.

El Gobierno Federal de Transición de Somalia

El Gobierno Federal de Transición de Somalia no cuenta con suficientes apoyos.

Esta administración apoyada por Occidente, es tan débil y está tan marginalizada y falta de territorio que lo mejor que puede hacer en estos momentos es no entorpecer el trabajo de aquellos que luchan contra la hambruna.

Pero este gobierno también es una muestra de la obsesión del mundo con un enfoque que va de arriba a abajo a la hora de construir un Estado viable en Somalia.

Muchos creen que ello ha prolongado el conflicto en el país africano y ha exacerbado la hambruna.

"Habla con las comunidades locales. No te compres un gobierno para tener un primer ministro con el que hablar", afirma un analista somalí para resumir la situación.

Al-Shabab

Miembros de al-Shabab han matado a trabajadores humanitarios y han bloqueado la llegada de ayuda.

Han matado a trabajadores humanitarios y han bloqueado la llegada de ayuda. ¿Qué más se puede decir?

Bueno, quizás cabe recordar que al-Shaab es un paraguas de organizaciones, no una organización cohesionada.

Como han entendido desde hace tiempo algunas organizaciones humanitarias, hay que ignorar a sus agresivos portavoces y concentrarse en ganarse a los comandantes y a las comunidades.

Algunos se preguntan si existe una oportunidad con esta hambruna. Con la indignación que hay por el comportamiento de al-Shabab quizás las comunidades encuentren el coraje necesario para enfrentarse a ellos. Hay signos de que eso está sucediendo pero a una escala pequeña.

Hambruna en Somalia

El mundo ha respondido a la hambruna de manera más rápida de lo que lo hubiera hecho en otras circunstancias.

Me refiero al hábito colectivo de actuar cuando ya es demasiado tarde.

Estos días la población de Somalia es afortunadamente una de las más controladas del mundo. No sólo por las elevadas tasas de malnutrición, sino también por otros índices más sofisticados como el de la deuda de los hogares.

La buena noticia es que como resultado de ello el mundo ha respondido a la hambruna de manera más rápida de lo que lo hubiera hecho en otras circunstancias.

Pero incluso con eso -como pude comprobar en una parada que hice en árido norte de Kenia- si el mundo pusiera el mismo esfuerzo en los programas a largo plazo para las comunidades, que el que están poniendo ahora para alimentar a los afectados por la hambruna, esta última nunca hubiera sucedido.

Los medios de comunicación

Esto nos lleva directamente a los periodistas.

Somos, como dijo un funcionario con una mezcla de frustración y adulación, absolutamente cruciales en este asunto.

La ONU puede producir documentos detallados e interminables sobre la hambura, pero los políticos que toman las grandes decisiones solo reaccionan cuando la ven en la televisión o en la portada de los diarios.

Ha sido un año movido en el campo de las noticias, pero creo que se nos debe culpar por haber tardado demasiado en informar.

Kenia

El gobierno de Kenia ha invertido poco en el desarrollo de sus comunidades más vulnerables.

Como he mencionado arriba, acabo de pasar un día recorriendo distintos programas de desarrollo en el norte de Kenia.

Dos simples hechos emergen: el primero es que el gobierno de Kenia ha invertido escandalosamente poco en el desarrollo de la ganadería, la educación y las infraestructuras básicas en sus comunidades más vulnerables.

El segundo es que cuando las comunidades son ayudadas de manera adecuada, pueden preparse y manejar las sequías más duras.

Puede que ello no esté directamente ligado con el caos en Somalia, pero muestra lo que puede hacerse y lo que no se ha hecho.

El resto del mundo

Desmond Tutu alertó contra la falta de interés sobre lo que está sucediendo en Somalia.

"No nos dejes ser indiferentes", afirmó el reverendo sudafricano Desmond Tutu.

Pese a todo, eso es lo que le está pasando al resto de África. ¿Cuántas veces ha aparecido en primera plana de los medios del continente la hambruna?

Medio Oriente, China y muchos otros países también la han ignorado.

¿Se trata de una reacción a los fallos y fracasos de los esfuerzos humanitarios en Somalia de las últimas dos décadas? ¿O una simple falta de decisión?

Cambio climático

Las sequías van a multiplicarse en las próximas décadas, según los científicos.

Si se cree en la ciencia, se debe aceptar que estas sequías van a multiplicarse en las próximas décadas. Y todos somos responsables de ello.

Pese a todo, la región somalí de Baja Shabelle -declarada ahora zona de hambruna- tuvo una cosecha extraordinaria el pasado año.

Ello demuestra que la mitigación es posible. Se trata de una llamada a la acción en el cuerno de África, no una razón para rendirse.

El aumento de la población

Pone en peligro el acceso a los recursos.

Es un asunto crucial. En áreas del norte de Kenia la población se ha doblado en la última década.

"El doble de gente pero el mismo ganado. Es insostenible", me dijo un experto en agricultura de Naciones Unidas.

Los que se dedican al pastoreo son conocidos por ser adaptables, ya que deben sobrevivir. Pero las presiones que afrontan ahora son abrumadoras y la aceleración de la urbanización parece inevitable.

La cuestión es hacer que ese proceso tenga lugar en lugares sostenibles y no en las planicies áridas donde es imposible el desarrollo.

martes, 2 de agosto de 2011

Niños palestinos

En memoria de Juliano Mar-Hamis

Aparecen en mitad de la noche cuando los niños están profundamente dormidos, tal vez soñando con una vida mejor. Con los ojos tapados, amordazados, esposados, los menores son llevados a los camiones y esa misma mañana apriscados en el Campamento Offer, departamento número 2 del Juzgado Militar, también conocido como Departamento Infantil. Durante ese día -y todos los demás- tendrán que permanecer sentados en una especie de clase donde no hay profesores y tampoco padres, pero sí jueces, fiscales y muchos guardias. Tienen entre 10 y 13 años los mayores y están acusados de tirar piedras a las fuerzas armadas israelíes, probablemente denunciados por sus propios compañeros de clase. Serán brutalmente interrogados: golpes en la cara y el abdomen, privación de sueño, pinchazos de aguja en manos, piernas y pies, amenazas de violencia sexual y, en algunos casos, electrochoques. Suelen confesar enseguida, están aterrorizados, pero solo cuando aceptan convertirse en colaboradores les sueltan, si es que les sueltan.

Ofra Ben-Zevi, una de las pocas y valientes mujeres israelíes que trabaja sin descanso por el despertar nacional e internacional de las conciencias dormidas, dice que a esta política criminal y odiosa hay que llamarla la cacería del niño.

Resulta fácil olvidarse de Palestina cuando Damasco, El Cairo y Saná están en plena ebullición. El ruido de los disparos contra los manifestantes, el espectáculo de los dictadores sentados en el banquillo, la genuina necesidad de los ciudadanos árabes de encontrar su propia vía hacia la democracia ocupan los titulares de prensa.

La destrucción de Palestina es mucho más lenta, y su tragedia invisible para el mundo exterior, pero es también mucho más antigua que todas estas revoluciones y me temo que seguirá todavía ahí mucho después de que cualquiera de ellas llegue a dar fruto en alguna nueva y esperanzadora realidad. Y puesto que Palestina no forma parte de esta positiva transformación, esto afectará al éxito de su supervivencia.

Esta es una herida que no sanará fácilmente. ¿Por qué? Porque, después de años de cacería diaria, miles de niños palestinos han terminado por convertirse en una generación de tenaces resistentes, una generación que no sucumbirá jamás ante la presión de Israel aunque sus líderes sí lo hagan. Ellos nunca fueron tratados como niños por Israel, sino como criminales (al contrario de lo que sucede dentro de Israel, donde los delitos menores de los más jóvenes son borrados de los archivos o prescriben, algo que no ocurre en ningún caso con los jóvenes de la Palestina ocupada, lo que facilita a la policía israelí la posibilidad de utilizar como colaborador en cualquier momento a cualquiera de ellos).

Según la ONG Adamer, desde que Israel sobrepasó las fronteras que le fueron adjudicadas antes de 1967, ocupando Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, han sido detenidos aproximadamente unos 700.000 palestinos, es decir el 20% de la población total de estos territorios. Según esta misma fuente, siguen en sus cárceles más de 5.600 y por eso los abusos que aquí relatamos constituyen solo un pequeño ejemplo de una realidad acumulativa, una escena de una película que todavía no se estrenó y que probablemente no se estrene nunca.

Imaginen pues que la escena que voy a describir tiene lugar en el Campamento Offer, frente al distinguido juez Sharon Rivli o alguno de sus colegas, todos los lunes entre las nueve de la mañana y las seis de la tarde. No todo el mundo en Israel ha oído hablar del Campamento Offer, pero si se toma la carretera 443 de Tel Aviv a Jerusalén (una carretera apartheid por la que los palestinos tienen rigurosamente prohibido viajar, aunque se haya construido a costa de sus campos de cultivo y atraviese y destruya las propiedades de docenas de aldeas palestinas), puede verse un enorme bastión de cemento armado: es el Campamento Offer y allí, y en otros campamentos como este distribuidos estratégicamente, opera la industria israelí de “prisiones” que pone entre rejas diariamente a un número de personas que supera con mucho a alguno de los regímenes más brutales del mundo.

Cientos de palestinos son traídos aquí todos los meses basándose en uno de los procedimientos de arresto y detención más rápidos del mundo -uno que ni siquiera permite a los abogados conocer los cargos, y donde la mayoría de las condenas terminan sin juicio y con penas de cárcel.

Es tan frecuente este tipo de abusos que han dejado de ser noticia. La rutina, sin embargo, se rompe de vez en cuando con alguna variante en el menú. Hace unos días, por ejemplo, una clase entera de niños aterrorizados fue detenida. Será procesada al estilo “industrial”, de acuerdo con los métodos de esta justicia, de esta broma macabra.

Las historias del Offer aparecen aquí y allí de vez en cuando, pero por lo visto no son lo suficiente llamativas para impresionar a nadie. Una delegación de diputados laboristas visitó el lugar en diciembre del año pasado antes de ser entrevistados por Amira Hass, del diario Haaretz, y contarle lo impactante que había resultado para ellos la experiencia al conocer de primera mano la historia de los niños torturados y obligados a confesar crímenes que no habían cometido. Uno de los diputados, Richard Burden, conmocionado, tuvo que oír además cómo su guía le reconocía que ese día en particular había habido suerte porque habían visto a los niños esposados con las manos hacia adelante y no hacia atrás, que “como ustedes saben es una postura mucho más dolorosa”.

También Haaretz dio a conocer la historia de un joven de 14 años encarcelado sin juicio. Su abogado contó al tribunal que el joven había sido brutalmente torturado durante las cuatro o cinco horas que duró el interrogatorio. Como de costumbre en estos casos, ni el abogado defensor ni el propio acusado tenían idea -ni la tendrán nunca- de qué se le estaba acusando, lo cual, por supuesto, no fue obstáculo alguno para que le metieran en la cárcel. Seguirá, pues, encerrado en un cubículo de siete por tres metros, con otros nueve presos, comiendo, desnudándose y haciendo sus necesidades en la misma habitación: una historia de lo más corriente multiplicada por cientos, no, por miles de casos.

El juez trabaja eficiente y rápidamente enviando a un niño tras otro a la cárcel. Todos van vestidos con uniformes marrón o naranja. Capturados en plena noche, interrogados sin la presencia de ningún adulto o siquiera un trabajador social y denunciados a menudo por sus propios compañeros de clase.

Aya Qanyok, veterana de la ONG Machsom Watch, que en una ocasión pudo presenciar los juicios, ha contado la historia de un crío de 13 años que llevaba tres meses y medio preso. Ese mismo día presenció otros 24 juicios de niños procedentes del campamento de Calandia (Ramala), secuestrados todos ellos en plena noche y encadenados el uno al otro por las fuerzas militares de la “única democracia de Oriente Próximo”.

Niños encarcelados e interrogados no solo en el Offer y centros semejantes, sino también en las mismas aldeas o vecindarios donde viven. En Ghawarta, ciudad donde los israelíes sospechaban que dos escolares desesperados habían asesinado brutalmente a una familia de colonos perteneciente a uno de los grupos más fanáticos de entre todos los que ocupan los territorios, los cazaron de casa en casa. La batida fue seguida por un duro interrogatorio. Los sospechosos, uno de cuatro años y su hermano de 11, fueron interrogados dos veces por dos grupos diferentes de soldados.

Todos estos hechos constituyen una flagrante violación no solo de los tratados internacionales para la protección de la infancia, sino también de las mismas y avanzadas leyes que el propio Israel se ha dado a sí mismo. En la maravillosa película Los niños de Arna, Juliano Hamis nos muestra cómo su madre primero y luego él mismo intentaron crear en Jenin un reducto de libertad para los niños palestinos. Se trataba de una pequeña compañía de teatro, pero no duró mucho: los cazadores de niños la convirtieron enseguida en su objetivo. Ahora, también Juliano acaba de ser asesinado, quizá por un islamista fanático, quizá por un colaborador israelí. Con él desaparece otro de los pocos espacios seguros para la infancia en los territorios ocupados por Israel en 1967. Entretanto, el lento infanticidio de Palestina continúa.

Ilan Pappe, catedrático de Historia y director del Centro Europeo de Estudios Palestinos en la Universidad de Exeter. Traducción de Pilar Salamanca (EL PAÍS, 01/08/11)

Incapaces de resolver el hambre en el mundo

África recibirá este año menos de la mitad de la ayuda al desarrollo prometida. La comunidad internacional incumple los Objetivos del Milenio fijados en 1996 .

Las bananas de Asia, el Caribe y África (países ACP), producidas mayoritariamente por industrias familiares, no pagaban aranceles para entrar en la Unión Europea (UE), por razones de solidaridad y ayuda a su comercio, pero ahora lo harán. Paralelamente, a las bananas de Latinoamérica, que pagaban, se les rebajará el impuesto aduanero, por más que sus bananas estén monopolizadas por cinco multinacionales. La decisión de la UE se debe a la aplicación de las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre los mercados.

Se podría concluir que los hambrientos del mundo no interesan al mercado, por lo que, o bien se convierten en consumidores, o pasan a ser materia para la solidaridad de las oenegés e iglesias. Esta parece ser la tendencia.

A la hora de decidir quién es pobre, la FAO ofrece una radiografía sobre los 7.000 millones de personas del planeta: unos 1.400 millones no disponen de un dólar diario y otros 3.500 millones tienen menos de dos dólares. Frente a ello, en 1996, la ONU se fijó unos Objetivos del Milenio, que organismos y naciones se comprometieron a cumplir antes del 2015.

Los objetivos son ocho, pero los claves son el primero («erradicar la pobreza extrema y el hambre») y el octavo («fomentar una alianza mundial para el desarrollo»). El planteamiento parece ser el del proverbio chino: a los más hambrientos hay que darles comida, pero a ellos y a los desnutridos (que tarde o temprano morirán igualmente) hay que enseñarles a pescar. Es una filosofía aceptada generalmente por todos.

RESULTADOS PROVISIONALES

Hace una semana, la FAO presentó los resultados provisionales de los objetivos. El grupo de la pobreza extrema -los de un dólar por día- ha disminuido en un 15% cuando el objetivo era de una reducción del 23%. Además, se debe principalmente al mayor nivel de vida logrado por China. En cuanto a la ayuda al desarrollo, en el 2010 ascendió a 128.700 millones de dólares, «la más alta jamás registrada». Sin embargo «en el 2011 África recibirá solo 11.000 millones de los 25.000 comprometidos».

Romano Prodi, encargado por la ONU de buscar soluciones para África, afirma: «Sin ninguna ayuda inicial del exterior, no existe posibilidad de desarrollo para los países más pobres». Los objetivos incumplidos evidencian, si no un fracaso, la incapacidad o falta de voluntad para favorecer un desarrollo real.

Es lo que se descubre buceando entre las políticas concretas. El caso de las bananas de los países ACP es una de ellas. Otro caso es el EU-Africa Business Forum, instituido en Bruselas en el intento de unir, en un marco de mercado libre, a industrias europeas y africanas: de parte africana hay sucursales locales de multinacionales, lo que, como mínimo, resulta ambiguo. Otro caso: entre los 2.651 grupos de presión (lobis) registrados en la UE, hay inscritas más asociaciones de misioneros que industrias africanas.

PARASITISMO

Sin embargo, en una economía mundial en la que hay especuladores y a la vez gente sensata, no todo es blanco o negro. La economista de Zambia Dambise Moyo ha escrito Dead Aid, libro en el que pide que progresivamente se supriman las ayudas internacionales «porque son fuente de corrupción e ineficacia». Añade además que «dar algo gratis produce parasitismo y causa problemas a quienes deberían poder vender sus productos». Un informe del Banco Mundial cifra entre un 20% y un 40% la parte de ayudas internacionales a los países pobres que se desvía hacia la corrupción (148.000 millones de dólares, según la ONU). Pero la corrupción es solo una de las causas del subdesarrollo.

África es vista actualmente como la «nueva frontera», explica desde Etiopía Jean Ping, presidente de la Comisión [gobierno] de la Unión Africana (UA), que sobre la globalización añade: «Nos dijeron que teníamos que actuar de ciertas maneras, tales como desarrollar la iniciativa privada; lo hicimos y el resultado ha sido catastrófico». Se han multiplicado las guerras. En África se libran actualmente ocho de los 16 conflictos mundiales.

Rossend Dómenech
El Periódico

http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/incapaces-resolver-hambre-mundo-1101155