martes, 21 de junio de 2011

Comunicado. Reunión Red Europea de ATTAC. Grecia

Reunión Red Europea de ATTAC. Comunicado
Junio 2011. Grecia

Encuentro de Attac Europa en Aegina

Entre los días 17 y 19 de junio, la Red Europea de Attac mantuvo su encuentro semestral en Aegina (Grecia). Los grupos nacionales de Attac expresan su satisfacción por haber tenido la oportunidad de entrar en contacto con el movimiento de resistencia griego, que está organizando intensas protestas contra las políticas de recortes sociales impuestas por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional e implementadas por el gobierno griego.

La Red Europea de Attac expresa su total solidaridad con este movimiento y denuncia que las respuestas políticas que se están dando a la crisis son tan ineficientes como injustas:

- Ineficientes, porque las medidas de austeridad, recortes sociales, privatizaciones y reformas del mercado laboral están causando un aumento del desempleo, un descenso de los ingresos tributarios y un retroceso económico aún más acusado. Esta política recesiva y antisocial ha desatado un ciclo vicioso que destruye la economía real y el consenso social griegos.

- Injustas, porque las políticas están enfocadas a hacer pagar a los ciudadanos una crisis de la que no son responsables. La crisis de la deuda es consecuencia del estancamiento económico y los rescates de los bancos con fondos públicos que siguieron a la crisis de 2008, así como de políticas fiscales neoliberales que han producido una caída de los ingresos como consecuencia de la reducción de impuestos y la evasión fiscal. La falta de regulación de los mercados financieros que permite la especulación sobre la deuda pública por medio de permutas de cobertura por impago (CDS) ha jugado un papel muy importante exacerbando la presión de los mercados.

- El pueblo griego está sufriendo las consecuencias más intensas de la crisis en la Zona Euro, que a su vez es la consecuencia lógica de lagunas fundamentales en la estructura de la eurozona. Los desequilibrios entre los distintos países de la Zona Euro y la deuda generada son la consecuencia estructural de mantener una moneda común con una política monetaria ajena a todo control democrático y enfocada únicamente al control de la inflación, sin transferencias entre regiones de economías tan heterogéneas y sin una armonización de los estándares económicos y sociales.

La dramática situación que se vive en Grecia muestra que las políticas emprendidas para frenar la crisis no han logrado resultado alguno y deben ser redefinidas radicalmente, pero también hacen patente la necesidad urgente de introducir cambios en la orientación de la eurozona. La Red Europea de Attac sugiere propuestas alternativas que abordan los problemas reales:

Remarca la necesidad urgente de reestructurar la deuda de los países con mayor déficit logrando que los bancos –que son en buena parte responsables de la crisis– paguen, y no los ciudadanos. Para ello deben llevarse a cabo auditorías democráticas de la deuda.

A medio y largo plazo, la salida real de la crisis exigirá cambios en la eurozona. Lo primero y más importante es situar la democracia en el centro de los procesos de toma de decisiones, en términos de una coordinación de las políticas económicas orientada a:

- La armonización de salarios y estándares sociales mínimos en el territorio europeo, así como a la implantación de una reforma fiscal europea orientada a la redistribución de la riqueza, la lucha conjunta contra los paraísos fiscales y el establecimiento de una base mínima del impuesto de sociedades común a toda Europa.

- La regulación de los mercados financieros y el sector bancario, incluyendo un sistema bancario que evite la existencia de bancos “demasiado grandes para caer”.

- La reforma del Banco Central Europeo, haciendo posible préstamos directos a los gobiernos. Debe llevarse a cabo un esfuerzo inversor necesario en cuestiones tales como el transporte público, el fomento de sistemas energéticos renovables y seguros, la soberanía alimentaria, la educación pública, los sistemas públicos sanitarios y de cuidados, etc.

- La lucha coordinada contra los paraísos fiscales y la prevención de los ataques especulativos contra ciertos países. Para ello son necesarias, entre otras medidas, la prohibición de la especulación con permutas de cobertura (CDS) y la creación de agencias de calificación públicas bajo control democrático.

A fin de denunciar las causas reales de la crisis, avanzar nuestras alternativas y lograr una mejor coordinación entre las distintas luchas contra las políticas de austeridad predominantes, Attac llevará a cabo distintas actividades, como por ejemplo:

· 24 de junio: Acción de protesta escenificada en Bruselas en el día en que se reúne el Consejo Europeo para decidir sobre el Paquete de Gobernanza Europea.

· Del 9 al 14 de agosto: Academia Europea de Movimientos Cívicos y Sociales en Friburgo (www.ena2011.eu).

· 1 de octubre: Conferencia de Coalition of Resistance (Coalición de Resistencia) en Londres, de la que Attac forma parte.

· 15 de octubre: Se organizará un tribunal sobre la crisi europea en Berlín a fin de inquirir acerca de las auténticas causas de la crisis.

· 3 y 4 de noviembre: Durante las movilizaciones comunes en el marco de la cumbre del G20 en Cannes, se organizará un tribunal enfocado a los problemas globales, que abordará la responsabilidad del sector bancario y financiero, así como del G20 por su complicidad.

· Marzo de 2012: Conferencia Social Conjunta en Bruselas enfocada al desarrollo de propuestas comunes compartidas por los movimientos ciudadanos, sociales y sindicales.

Aegina, 19 de junio de 2011

sábado, 18 de junio de 2011

19-J.Llamamiento a la movilización global

19-J. Llamamiento a la movilización global.
madrid.tomalaplaza.net

Somos los indignados, los anónimos, los sinvoz. Estábamos en silencio pero a la escucha, observando. No para mirar hacia arriba, donde están los que llevan las riendas del mundo, sino a los lados, donde estamos todas y todos, buscando el momento de unirnos.

No nos representan partidos, asociaciones o sindicatos. Tampoco queremos que así sea, porque cada cual se representa a sí mismo. Queremos pensar entre todos cómo crear un mundo donde las personas y la naturaleza estén por encima de intereses económicos.

Queremos idear y construir el mejor de los mundos posibles. Juntos podemos y lo haremos. Sin miedo.

Las primeras chispas prendieron en los países árabes, donde cientos de miles de personas tomaron las plazas y calles recordando a sus gobiernos que ellos son el verdadero poder. Luego fueron los islandeses quienes salieron a las calles para expresarse y decidir su futuro; el pueblo español no tardó en tomar las plazas de barrios, pueblos y ciudades. Ahora la mecha se extiende rápidamente por Francia, Grecia, Portugal, Italia y Turquía, mientras llegan ecos de América y Asia y nuevos focos aparecen cada día por doquier.

Si lo problemas son globales, la revolución será global o no será. Es hora de recuperar nuestros espacios públicos para debatir y construir entre todas y todos el futuro.

El día 19 de junio llamamos a la #Globalrevolution. Llamamos a la ocupación pacífica de las plazas públicas y a la creación de espacios de encuentro, debate y reflexión. Es nuestro deber recuperar el espacio público y decidir juntos el mundo que queremos.

Toma la plaza!!! Toma las calles!!! #Globalrevolution .
People of the World, rise up!!!

takethesquare.net

#takethesquare
#globalrevolution


viernes, 17 de junio de 2011

Las revoluciones contra las vanguardias

Las potentes movilizaciones que atraviesan el mundo están desbordando tanto democracias como dictaduras, regímenes nacidos de elecciones y de golpes de Estado, gobiernos del primer y del tercer mundo. No sólo eso. Desbordan los muros de contención de los partidos socialdemócratas y de izquierda, en sus más diversas variantes. Desbordan también los saberes acumulados por las prácticas emancipatorias en más de un siglo, por lo menos desde la Comuna de París.

Naturalmente, esto produce desconcierto y desconfianza entre las viejas guardias revolucionarias, que reclaman organización más sólida, un programa con objetivos alcanzables y caminos para conseguirlos. En suma, una estrategia y una táctica que pavimenten la unidad de movimientos que estarían condenados al fracaso si persisten en su dispersión e improvisación actuales. Lo dicen a menudo personas que participan en los movimientos y quienes se felicitan de su existencia, pero que no aceptan que puedan marchar por sí mismos sin mediar intervenciones que establezcan cierta orientación y dirección.

Los movimientos en curso cuestionan de raíz la idea de vanguardia, de que es necesaria una organización de especialistas en pensar, planificar y dirigir al movimiento. Esta idea nació, como nos enseña Georges Haupt en La Comuna como símbolo y como ejemplo (Siglo XXI, 1986), con el fracaso de la Comuna. La lectura que hizo una parte sustancial del campo revolucionario fue que la experiencia parisina fracasó por la inexistencia de una dirección: Fue la falta de centralización y de autoridad lo que costó la vida a la Comuna de París, dijo Engels a Bakunin. Lo que en aquel momento era acertado.

Haupt sostiene que del fracaso de la Comuna surgen nuevos temas en el movimiento socialista: el partido y la toma del poder estatal. En la socialdemocracia alemana, el principal partido obrero de la época, se abre paso la idea de que la Comuna de 1871 era un modelo a rechazar, como escribió Bebel pocos años después. La siguiente oleada de revoluciones obreras, que tuvo su punto alto en la revolución rusa de 1917, estuvo marcada a fuego por una teoría de la revolución que había hecho de la organización jerárquica y de especialistas su eje y centro.

En el último medio siglo han sucedido dos nuevas oleadas de los de abajo: las revoluciones de 1968 y las actuales, que probablemente tengan su punto de arranque en los movimientos latinoamericanos contra el neoliberalismo de la década de 1990. En este medio siglo han sucedido, insertos en ambas oleadas, algunos hechos que modifican de raíz aquellos principios: el fracaso del socialismo soviético, la descolonización del tercer mundo y, sobre todo, las revueltas de las mujeres, de los jóvenes y de los obreros. Los tres procesos son tan recientes que muchas veces no reparamos en la profundidad de los cambios que encarnan.

Las mujeres hicieron entrar en crisis el patriarcado, lo que no quiere decir que haya desaparecido, agrietando uno de los núcleos de la dominación. Los jóvenes han desbordado la cultura autoritaria. Los obreros, y las obreras, desarticularon el fordismo. Es evidente que los tres movimientos pertenecen a un mismo proceso que podemos resumir en crisis de la autoridad: del macho, del jerarca y del capataz. En su lugar se instaló un gran desorden que fuerza a los dominadores a encontrar nuevas formas para disciplinar a los de abajo, para imponer un orden cada vez más efímero y menos legítimo, ya que a menudo es simple violencia: machista, estatal, desde arriba.

En paralelo, los de abajo se han apropiado de saberes que antes les eran negados, desde el dominio de la escritura hasta las modernas tecnologías de la comunicación. Lo más importante, empero, es que aprendieron dos hechos enlazados: cómo actúa la dominación y cómo hacer para desarticularla o, cuando menos, neutralizarla. Un siglo atrás eran una exigua minoría los obreros que dominaban tales artes. Las rebeliones, como la que comandó la Comuna, eran fruto de brechas que otros abrían en los muros de dominación. Ahora los de abajo aprendimos a abrir grietas por nosotros mismos, sin depender de la sacrosanta coyuntura revolucionaria, cuyo conocimiento era obra de especialistas que dominaban ciertos saberes abstractos.

En algunas regiones del mundo pobre se produjo la recuperación de saberes ancestrales de los de abajo que habían sido aplastados por el progreso y la modernidad. En este proceso los pueblos indios juegan un papel decisivo, al darle nueva vida a un conjunto de saberes vinculados a la curación, el aprendizaje, la relación con el entorno y también la defensa de las comunidades, o sea la guerra. Ahí están los zapatistas, pero también las comunidades de Bagua, en la selva peruana, y un sinfín de experiencias que muestran que aquellos saberes son válidos para estas resistencias.

Este conjunto de aprendizajes y nuevas capacidades adquiridas en la resistencia ha tornado inservible y poco operativa la existencia de vanguardias, esos grupos que tienen vocación de mandar porque creen saber lo que es mejor para los demás. Ahora, pueblos enteros saben cómo conducirse a sí mismos, con base en el mandar obedeciendo, pero también inspirados por otros principios que hemos podido escuchar y practicar estos años: caminar al paso del más lento, entre todos lo sabemos todo y preguntando caminamos.

Lo anterior no quiere decir que ya no sea necesario organizarnos en colectivos militantes. Sin este tipo de organizaciones y grupos, integrados por activistas o como quiera llamarse a las personas que dedicamos nuestras mejores energías a cambiar el mundo, ese cambio no llegaría jamás, porque no cae nunca del cielo, ni es regalo de caudillos y estadistas esclarecidos. Las revoluciones que estamos viviendo son fruto de esas múltiples energías. Las detonamos entre muchos y muchas. Pero una vez puestas en marcha, la pretensión de dirigirlas a puro mando suele producir resultados opuestos a los deseados.

Raúl Zibechi
La Jornada

lunes, 13 de junio de 2011

19-J. Convocatoria a la movilización global . 19 June Rise up! #Globalrevolution‏


Convocatoria del 19 de junio por diversas redes e idiomas

Somos los indignados, los anónimos, los sinvoz. Estábamos en silencio pero a la escucha, observando. No para mirar hacia arriba, donde están los que llevan las riendas del mundo, sino a los lados, donde estamos todas y todos, buscando el momento de unirnos.

No nos representan partidos, asociaciones o sindicatos. Tampoco queremos que así sea, porque cada cual se representa a sí mismo.Queremos pensar entre todos cómo crear un mundo donde las personas y la naturaleza estén por encima de intereses económicos. Queremos idear y construir el mejor de los mundos posibles. Juntos podemos y lo haremos. Sin miedo.

Las primeras chispas prendieron en los países árabes, donde cientos de miles de personas tomaron las plazas y calles recordando a sus gobiernos que ellos son el verdadero poder. Luego fueron los islandeses quienes salieron a las calles para expresarse y decidir su futuro; el pueblo español no tardó en tomar las plazas de barrios, pueblos y ciudades. Ahora la mecha se extiende rápidamente por Francia, Grecia, Portugal, Italia y Turquía, mientras llegan ecos de América y Asia y nuevos focos aparecen cada día por doquier. Si los problemas son globales, la revolución será global o no será. Es hora de recuperar nuestros espacios públicos para debatir y construir entre todas y todos el futuro.

El día 19 de junio llamamos a la #Globalrevolution. Llamamos a la ocupación pacífica de las plazas públicas y a la creación de espacios de encuentro, debate y reflexión. Es nuestro deber recuperar el espacio público y decidir juntos el mundo que queremos.

Toma la plaza !!! Toma las calles !!! #Globalrevolution .

People of the World, rise up !!!

www.takethesquare.net

#takethesquare

#globalrevolution


jueves, 9 de junio de 2011

Islandia. Que vayan pasando

Llama la atención lo mal que se ha gestionado esta crisis y los escasos responsables que vemos en la cárcel, otros por mucho menos han acabado en Guantánamo con una capucha negra y un traje naranja escuchando rock californiano hasta desfallecer. Por eso es noticia de portada que se juzgue al que fuera primer ministro islandés durante la crisis que en octubre de 2008 provocó el colapso bancario de su país. De Haarde se dice que desoyó los avisos que le llegaban y que metió a Islandia en una grave crisis a sabiendas. Y bien que nos habían vendido Islandia como el milagro del capitalismo moderno, la tierra de provisión, el lugar dónde cualquiera podía hacerse rico.

La defensa de Haarde puede poner en marcha el ventilador de las miserias y de esa manera pasar la responsabilidad en cascada a otros estamentos políticos y financieros. El espectáculo que podemos ver es el de una cuerda de presos saliendo de Wall Street, una fila tan larga como esas fotos aéreas que se toman de la maratón al paso por el puente de Brooklyn. Responsables todos de un desastre mundial que ha muchos ha llevado a la ruina pero a ellos les ha hecho más millonarios. Si Haarde cuenta lo que sabe, con qué banqueros se reunió y qué promesas le dieron, se puede liar una buena. Si Haarde reconoce con qué políticos europeos, y americanos, trató el asunto pues más leña a la hoguera que tiene hambre de leños secos como mentiras arrugadas.

Lo que hace falta es justo eso: que se líe para saber cada uno dónde estamos. Es aquello que decía Groucho: "Disculpe que les llame caballeros pero es que todavía no les conozco". Mucho se habla de los piratas del Índico pero poco sabemos de los piratas que desde su ordenador mandan realizar operaciones que provocan la ruina en escasos segundos, una orden que viaja a la velocidad de la luz. Y a muchos de ellos se les da categoría de autoridad pública y se le rinden honores presidenciales. Por tanto no es descabellado pensar que el juicio a este antiguo dirigente puede ser el primero de otros que puedan venir. Con las cuentas públicas han hecho más trucos que un mago con sus palomas, a veces nos hemos dejado engañar y otras les hemos pillado con el conejo asomando por la chistera. Pero a partir de este juicio nada será igual que antes, se ha acabado la inmunidad del alto cargo. Que vayan pasando esos próceres del beneficio ilimitado y de la expansión del ladrillo feliz porque en el despacho del juez se les espera. Y que no olviden dejarse ni la memoria, ni la vergüenza, en casa porque les va a hacer falta para responder a unas cuestiones que ellos creían muy superadas por sus beneficios.

R. Martínez-Simancas‏
Diario Siglo XXI

lunes, 6 de junio de 2011

G8: un guión previsible

La reciente cumbre del G8 en Deauville, Francia, ha ofrecido pocas novedades. Sus protagonistas se han ceñido fielmente al guión repetitivo de todos sus encuentros previos: retórica democrática y humanitaria vacía de contenido, por un lado, y profundización de las políticas neoliberales, por el otro.

La fidelidad a un guión invariable no ha podido disimular, sin embargo, el debilitamiento progresivo del G8. Su pérdida de protagonismo como instrumento para gestionar el orden mundial en beneficio del G20 es ya incuestionable, como resultado de las reconfiguraciones de la geopolítica y la economía global, el declive de Estados Unidos y la Unión Europea y el ascenso de los países emergentes.

La agenda de Deauville ha estado marcada en particular por las revueltas del mundo árabe, cuyo desarrollo desestabiliza los cimientos de la economía del petróleo y debilita enormemente los mecanismos de dominación imperialistas de la región. El objetivo del G8 no es otro que intentar encauzar los procesos en curso en la dirección menos perjudicial para los intereses occidentales y recuperar la iniciativa a través de la intervención en Libia. En medio de grandes proclamas acerca de su “compromiso para defender las reformas democráticas en todo el mundo y responder a las aspiraciones de libertad” y del anuncio de ayudas económicas de 40.000 millones de dólares, el llamado “compromiso de Deauville” persigue mantener la continuidad de las políticas neoliberales, de los planes de austeridad y del papel del Fondo Monetario Internacional en la región, el impacto social de cuyas recetas es de sobras conocido.

Bajo el shock del accidente de Fukushima, el G8 ha tenido también en su agenda la cuestión nuclear. Detrás de la retórica sobre “promover los niveles más altos de seguridad nuclear en todo el mundo”, y de aumentar la cooperación internacional para reforzar “la cultura de la seguridad en todo el planeta y mejorar la transparencia”, subsiste la firme voluntad de no perjudicar los intereses del lobby nuclear, cuyos planes para relanzar la energía nuclear como alternativa a la crisis del petróleo se han ido al traste tras el accidente japonés. La verborrea sobre la seguridad nuclear esconde, como señala el sociólogo Michael Löwy, que dicha industria “trae la catástrofe como la nube la tormenta”.

En paralelo, a pesar de que la declaración final de la cumbre afirma que “afrontar el cambio climático es una prioridad global”, el G8, siguiendo la estela de las reuniones del COP15 y 16 en Copenhague y Cancún, avala una política de “ecoretoques” cosméticos que rechaza adoptar medidas que incidan en el corazón del actual modelo de producción, distribución y consumo.

El debate sobre internet ha sido otro de los temas estrella en Deauville. Y, de nuevo, el divorcio entre retórica y realidad salta a la vista. La defensa de “internet como instrumento de promoción de los derechos humanos y de la participación democrática en el mundo entero” suena a proclama vacía de contenido a la luz de las políticas concretas impulsadas por los miembros del G8 acerca de la red. La reunión previa a la cumbre entre los jefes de Estado con los gigantes empresariales del sector, el llamado eG8, escenifica la alianza entre gobiernos e intereses privados. Garantizar la red como un espacio libre para la difusión de conocimientos no pasa precisamente por ahí, como bien saben los ciberactivistas.

Aunque no figurara en la agenda oficial, la llegada al viejo continente de los vientos que han electrizado al mundo árabe los últimos meses ha recorrido, también, la cumbre de Deauville. Quizá desde su atalaya, para los líderes del G8, las acampadas en Sol o Plaza Catalunya aún parecen poco significativas, pero sin duda alguna son bien conscientes de la amenaza de que prenda la mecha de la contestación social en una Europa golpeada por los planes de austeridad. Miles de personas se movilizaban en Grecia durante los días de la cumbre, continuando la larga serie de protestas que sacuden al país desde hace meses, pero importando el modelo de ocupación de plazas y acampadas del movimiento en el Estado español. Justo un par de días después del fin del cónclave, varios miles de personas intentaban ocupar y acampar en la plaza de la Bastilla en París. Algo se mueve por abajo.

La “rebelión de los indignados” en el Estado español es la punta del iceberg de un malestar social acumulado que empieza a transformarse en movilización. Una primera sacudida social hacia una previsible nueva oleada de movilizaciones. Lejos de ser un movimiento circunscrito a nuestro país, las crecientes muestras de solidaridad internacional y de intentos de emulación en otros lugares indican que podemos estar ante el inicio de una nueva fase internacional de radicalización y movilización contra las medidas de ajuste. En la memoria de los miembros del G8 debe estar aún el ascenso fulgurante del movimiento antiglobalización hace una década que puso en jaque a las instituciones internacionales. Deauville ha tenido lugar, precisamente, pocos meses antes del décimo aniversario de la histórica cumbre del G8 en Génova, escenario entonces de fuertes movilizaciones que marcaron el momento de máximo apogeo de la contestación social a este antidemocrático club de países ricos.

Al igual que entonces, el gran reto del presente es internacionalizar el renacimiento de la contestación social y coordinar las múltiples voces de la indignación.

*Josep Maria Antentas es profesor de Sociología de la UAB. Esther Vivas es miembro del Centre d’Estudis sobre Moviments Socials (CEMS) de la UPF.
**Artículo publicado en Público, 06/06/2011.

+info: http://esthervivas.wordpress.com

Fuente: Público

viernes, 3 de junio de 2011

Un mundo amurallado

La actual proliferación de barreras para impedir el tránsito de personas ilustra un retroceso en el sueño de un 'mundo global'. Se desnacionaliza la vida económica y a la par se renacionaliza la vida política

La actual pretensión danesa de controlar las fronteras con Alemania y Suecia viene tras los cierres de Francia e Italia, pero resulta aún más inquietante si lo ponemos en relación con una tendencia en el mundo actual a cerrar, impedir el paso y controlar, que responde a la demanda creciente de protección. Desde que en 1989 cae el muro de Berlín, la construcción de nuevos muros se ha multiplicado, como si se tratara de una carrera frenética por hacer frente a una nueva desprotección: entre México y Estados Unidos, en Cisjordania, entre India y Pakistán, entre Irak y Arabia Saudí, entre África del Sur y Zimbabue, entre España y Marruecos (rodeando las ciudades de Ceuta y Melilla), entre Tailandia y Malasia...

¿En qué consisten estos muros? ¿Cuál es su utilidad o el propósito con que se levantan? Estas barreras no están pensadas para impedir el ataque de ejércitos enemigos, sino para impedir el tránsito de personas; quieren hacer frente a fuerzas persistentes y desorganizadas más que a estrategias militares o económicas; son más post-, sub- y transnacionales que internacionales; son una respuesta a los flujos desconectados de las soberanías estatales. Los muros actuales no responden a la lógica de la guerra fría sino que son muros de protección; indican la desconfianza frente al otro, el extranjero, y dicen mucho acerca de las ambigüedades de la globalización. Se dirigen contra el movimiento de bienes y personas que muchas veces no tienen su causa en una invasión exterior sino en la demanda interna: mano de obra, drogas, prostitución...

Un muro no es tanto una cosa material como algo mental que traza una línea de separación entre un "adentro" que se siente amenazado y un "afuera" amenazante, considerado como enemigo, estereotipado, ubicuo y en ocasiones fantasmal. Los muros funcionan como un icono tranquilizador en la medida en que restablecen una distinción nítida entre el interior y el exterior, entre el amigo y el enemigo, que se hace coincidir frecuentemente con las fronteras nacionales. Todos los procesos de guetización participan de esa misma lógica al segmentar la ciudad de una manera invisible, arruinando así su vocación de aproximar a sus habitantes. Las barreras recuperan una modalidad de poder soberano, material y delimitado en un entorno, para algunos inquietante, en el que el poder se presenta como una realidad difusa y débil. Los muros son una respuesta psicosociológica al desdibujamiento de la distinción entre el interior y el exterior, al que acompañan otras distinciones que se han vuelto problemáticas, como la diferencia entre ejército y policía, los criminales y los enemigos, la guerra y el terrorismo, derecho y no-derecho, lo público y lo privado, el interés propio y el interés general.

La construcción de muros no solamente ilustra un retroceso en el sueño de un "mundo global", sino que testimonia unas tendencias subterráneas de la globalización que alimentan el retorno de ciertas formas de "neofeudalización" del mundo. Un mundo en el que son asombrosamente compatibles la integración de la economía global y el aislamiento psicopolítico. Cabría incluso afirmar que la defensa de esta compatibilidad se ha convertido en un objetivo ideológico en esa síntesis de neoliberalismo político y nacionalismo estatal de cierta nueva derecha cuyo proyecto ha sintetizado Saskia Sassen en el doble objetivo de "desnacionalización de la vida económica y renacionalización de la vida política". No vivimos en un mundo ilimitado, sino en la tensión entre una geografía de los mercados abiertos que tiende a abolir las fronteras y una territorialidad de la seguridad nacional que tiende a construirlas. No hay coherencia entre la práctica geoeconómica y la práctica geopolítica que equilibre las diferentes agendas del comercio y de la seguridad.

Sabíamos desde Maquiavelo que las fortalezas suelen ser más perjudiciales que útiles. Los muros proyectan una imagen de jurisdicción y espacio asegurado, una presencia física espectacular que se contradice con los hechos: por lo general no contribuyen a solucionar los conflictos e impiden muy escasamente la circulación. Complican el objetivo, obligan a modificar el itinerario, pero en tanto que prohibiciones de paso suelen ser poco eficaces.

El ejemplo más elocuente de ello lo encontramos en el control de la emigración, que aumenta o disminuye por factores que no están vinculados a la rigidez o porosidad de las fronteras. Hay emigración porque hay un diferencial de oportunidades o, si se prefiere, porque las desigualdades son actualmente percibidas en un contexto global. Cuando se piensa que el establecimiento de barreras es la solución para el incremento del número de los emigrantes y refugiados es porque se ha considerado previamente que la causa de esos desplazamientos era la flexibilidad de las fronteras, lo que es radicalmente falso.

Si no cumplen esa función que se les asigna, entonces ¿para qué sirven esas fronteras que adoptan la forma de muros? Dada su falta de eficacia, lo que hay que preguntarse es cuáles son las necesidades psicológicas que su construcción satisface. Y la respuesta está en la necesidad de limitación y protección de quienes se perciben a sí mismas -muchas veces contra toda evidencia- como "sociedades asediadas" (Bauman). En lo que hace referencia a los muros está claro que aluden inmediatamente a la defensa contra unos asaltantes venidos de un "afuera" caótico, pero sirven como instrumentos de identificación y cohesión, responden al miedo frente a la pérdida de soberanía y a la desaparición de las culturas homogéneas. De esta manera se construye una siniestra equivalencia entre alteridad y hostilidad, lo que es además un error de percepción (la mayor parte de los atentados que se han cometido en EE UU han provenido de terroristas del interior). Y se asienta el prejuicio de que la democracia no puede existir más que en un espacio cerrado y homogéneo.

Así pues, se trata de remedios físicos para problemas psíquicos, de una teatralización con efectos más visuales que reales. Un muro aparenta ofrecer seguridad en un mundo en el que la capacidad de protección del Estado ha disminuido, en el que los sujetos son más vulnerables a las vicisitudes económicas globales y a la violencia transnacional. Todo lo que acompaña a la escenografía rotunda de los muros no son sino gestos políticos destinados a contentar a cierto electorado, a suprimir la imagen de un caos políticamente embarazoso y sustituirla por la de un orden reconfortante. Aunque es imposible muchas veces cerrar completamente las fronteras, es peor dar la impresión de que no se hace nada. Construir una barrera es la mejor manera de no hacer nada dando la impresión de que se hace algo; de este modo se despliega una seductora salva política dirigida contra un conjunto de problemas especialmente complejos, a los que es imposible aportar una solución de corto plazo.

Los muros serían inicuos si se limitaran a dejar sin resolver los problemas que de manera tan simplista pretenden delimitar. Pero no es ese el caso: los muros generan zonas de no-derecho y conflictividad, agravan muchos de los problemas que tratan de resolver, exacerban las hostilidades mutuas, proyectan hacia el exterior los fracasos internos y excluyen toda confrontación con las desigualdades globales. Además, cuando se acentúa ostentativamente la seguridad se provoca al mismo tiempo un sentimiento de inseguridad. Son demasiados daños laterales como para que compensara la débil protección que pueden proporcionar.

Frente a la nostalgia por el orden perdido que clama por límites crispados y barreras de exclusión, la reivindicación de una frontera que comunique, demarque, equilibre y limite puede ser una estrategia razonable para transformar esos espacios de choque, cierre y soberanía en zonas porosas de contacto y comunicación. La alternativa, en cualquier caso, no es entre la frontera y su ausencia, sino entre las fronteras rígidas que siguen colonizando buena parte de nuestro imaginario político y una frontera red que permitiría pensar el mundo contemporáneo como una multiplicidad de espacios que se diferencian y entrecruzan, creando así unos puntos fronterizos que son también puntos de paso y comunicación.

Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política y Social, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco y director del Instituto de Gobernanza Democrática (www.globernance.com)

Fuente: El País