martes, 2 de noviembre de 2010

Alimentación: hacia un nuevo colonialismo

Mientras que amplias franjas de la población mundial continúan padeciendo los estragos de una de las peores crisis alimentarias en la historia reciente, a la cual se sumaron los efectos de la recesión económica internacional, en distintos puntos del planeta, particularmente en los países pobres, se amplían las prácticas de acaparamiento de tierras cultivables por parte de extranjeros, tanto gobiernos como consorcios privados.

En los últimos meses, en Etiopía se ha puesto en marcha una política de arrendamiento de amplias porciones del "sobrante" de sus tierras fértiles a agroindustriales extranjeros, algo que, de acuerdo con el gobierno encabezado por Meles Zenawi, contribuirá a satisfacer la alimentación de sus más de 80 millones de habitantes, pero que, en el sentir de los propios etiopes y de distintos especialistas internacionales, sólo contribuirá a acentuar la de por sí galopante pobreza en esa nación del cuerno de África, sistemáticamente azotada por la hambruna.

Pero no se trata de un hecho aislado. Por citar uno de los ejemplos más recientes y significativos, cabe hacer mención al acuerdo suscrito, en noviembre de 2008, entre el gobierno de Madagascar, entonces encabezado por Marc Ravalomanana, y la empresa surcoreana Daewoo, por medio del cual esta última se beneficiaba con el arrendamiento de la mitad de las tierras cultivables de esa isla del sureste africano por 99 años, para la producción de maíz y aceite de palma. La amplia resistencia generada entre los agricultores locales obligó a la firma surcoreana a suspender el convenio en abril pasado, y terminó por ser un factor determinante en el derrocamiento del entonces gobernante malgache, el mes siguiente.

Por lo que hace a nuestro país, el fenómeno se ha manifestado con las alianzas empresariales establecidas por el grupo chino Suntime International Techno-Economic para operar unas mil hectáreas de terreno para la producción de granos, particularmente de arroz. Historias similares han tenido lugar en países como Camerún, Sudán, Marruecos, Pakistán, Camboya, Laos, Filipinas y Brasil, entre muchos otros.

La extensión de lo que ha sido calificado por el director de la FAO, Jacques Diouf, como un "sistema neocolonial", constituye el avance de un peldaño en la aplicación de la visión global de libre mercado que ha prevalecido en las últimas décadas en la política alimentaria mundial, la cual convierte las necesidades alimentarias de la población en una inmensa oportunidad de negocios privados. A lo que puede verse, para dicha lógica ya no es suficiente con acaparar la producción de alimentos –como ocurrió recientemente–, y se empeña ahora en hacer lo propio con las tierras que los producen, sobre todo en las llamadas economías emergentes.

Los efectos de tales prácticas no sólo resultan devastadores para los agricultores en pequeña escala, los cuales son vistos como un obstáculo por sus respectivos gobiernos, sino que amenazan con ser desastrosos para el conjunto de la población mundial: es claro que, con el desmantelamiento de los sectores agrícolas locales, el empeoramiento de las condiciones de vida de los campesinos y la absorción de los recursos disponibles por parte de los consorcios agroindustriales y de los países desarrollados, se acentuará todavía más el desequilibrio existente en la distribución mundial de los alimentos, se potenciará el desarrollo de escenarios especulativos y de encarecimiento generalizado de la comida, y se acrecentará, en suma, la insatisfacción de las necesidades alimentarias de una población mundial que, se estima, llegará a 9 mil millones para 2050.

Ante los elementos de juicio disponibles, resulta impostergable que se emprenda un viraje en la política alimentaria vigente en el planeta. Es necesario que los gobiernos del mundo orienten sus medidas de apoyo hacia los pequeños productores de alimentos, que son los únicos que, a fin de cuentas, pueden garantizar la existencia de comida, sobre todo en países pobres, y que se frene cuanto antes la onda expansiva de un neocolonialismo alimentario inhumano y con potencial devastador.

Fuente: Editorial La Jornada

domingo, 10 de octubre de 2010

Promesas incumplidas

En 2000, los dirigentes del mundo se reunieron en Nueva York e hicieron pública una Declaración del Milenio, en la que se prometía reducir a la mitad la proporción de personas que padecen pobreza extrema y hambre en 2015. También prometieron reducir a la mitad las personas que carecen de agua potable y saneamiento, avanzar hacia la escolarización primaria completa y universal de los niños de todos los países, reducir en dos terceras partes la mortalidad infantil y en tres cuartas partes la mortalidad materna y luchar contra el sida, el paludismo y otras enfermedades. Esas promesas, reformuladas como objetivos concretos y mensurables, pasaron a ser los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

Los países ricos han prometido reducir la pobreza, pero no han adoptado las medidas adecuadas

El mes pasado, 10 años después, los dirigentes del mundo volvieron a Nueva York para celebrar una cumbre de Naciones Unidas que aprobó un documento titulado Mantener la promesa, en el que se reafirmó el compromiso de alcanzar dichas metas de aquí a 2015. ¿Qué posibilidades tenemos de mantener las promesas?

Como ha señalado el filósofo de Yale Thomas Pogge, la tarea se ha vuelto más fácil reduciendo los objetivos. Como la población del mundo está aumentando, reducir a la mitad la proporción de personas que padecen hambre significa que no se reducirá su número a la mitad. Pero algo peor iba a venir. Cuando se reformuló la Declaración del Milenio, la base para el cálculo de la proporción que reducir a la mitad no se fijó en 2000, sino en 1990, lo que significaba que los avances ya logrados podían contribuir a la consecución del objetivo y este pasó a ser el de reducir a la mitad "la proporción de personas del mundo en desarrollo", lo que constituye una gran diferencia, porque la población del mundo en desarrollo está aumentando más rápidamente que la población del mundo en conjunto.

El efecto neto de todos esos cambios, según los cálculos de Pogge, es que, mientras que en 1996 los dirigentes mundiales prometieron que en 2015 podrían reducir el número de personas desnutridas a no más de 828 millones, ahora solo prometen reducir a 1.324 millones el de las que padecen pobreza extrema. Como la pobreza extrema es la causante de una tercera parte, aproximadamente, de todas las muertes humanas, esa diferencia significa que todos los años morirán unos seis millones de personas más por causas relacionadas con la pobreza que si se hubiera mantenido la promesa original hecha en Roma.

En cualquier caso, según un reciente informe de Banco Mundial / Fondo Monetario Internacional, no vamos camino de conseguir siquiera el objetivo mundial inferior de reducir a la mitad la proporción de personas hambrientas. El aumento de los precios de los alimentos el año pasado hizo que el número de personas que padecen hambre rebasara los 1.000 millones. Que así sea, mientras las naciones desarrolladas despilfarran toneladas de cereales y soja alimentando a animales y la obesidad alcanza proporciones epidémicas, socava nuestras afirmaciones sobre el valor igual de toda la vida humana.

El objetivo de reducir a la mitad la proporción de personas que padecen pobreza extrema está al alcance, pero principalmente por el progreso económico habido en China y la India. En África, un decenio de crecimiento económico alentador está reduciendo la proporción de la población que vive en la pobreza extrema, pero no con la suficiente rapidez para reducirla a la mitad de aquí a 2015.

Son mejores las noticias sobre la consecución de la paridad sexual en la educación. También tenemos grandes posibilidades de alcanzar el objetivo de reducir a la mitad la proporción de personas de los países en desarrollo que carecen de agua potable, pero lograrlo también en el caso del saneamiento ha resultado más difícil.

Sin embargo, respecto de los objetivos relativos a la salud ni siquiera nos acercamos. La mortalidad materna está disminuyendo, pero no con la suficiente rapidez. Más personas con sida están consiguiendo los antirretrovirales baratos y su esperanza de vida ha aumentado, pero el acceso universal sigue quedando lejos y la enfermedad se está extendiendo, aunque más lentamente. Se han logrado avances en la reducción del paludismo y del sarampión y la tasa de mortalidad infantil ha bajado, pero no se alcanzará el objetivo de su reducción en dos terceras partes.

Durante mucho tiempo, los países ricos han prometido reducir la pobreza, pero sus palabras no han ido acompañadas de las medidas adecuadas. Para lograr avances sostenibles en la reducción de la pobreza extrema, harán falta mejoras en la cantidad y la calidad de la ayuda. Solo unos pocos países -Dinamarca, Luxemburgo, Países Bajos, Noruega y Suecia- han alcanzado o superado el modesto objetivo del 0,7% del PIB para la ayuda extranjera al desarrollo, pero, sin una reforma del comercio y medidas contra el cambio climático, una ayuda mayor y mejor no bastará.

De momento, parece muy probable que, cuando llegue 2015, los dirigentes del mundo no habrán cumplido sus (atenuadas) promesas, por lo que serán responsables de permitir las muertes innecesarias, todos los años, de millones de personas.

Peter Singer es profesor de Bioética en la Universidad de Princeton. © Project Syndicate, 2010. Traducido por Carlos Manzano.

Fuente: El País

jueves, 7 de octubre de 2010

Jean Ziegler: “La solución al hambre no es dar más, sino robar menos”. Entrevista

Haber nacido en Suiza –un país cuya “única materia prima es el dinero de los demás”– y una larga relación con la ONU no implica directamente la defensa del capitalismo financiero que esos dos datos harían sospechar. Ziegler es un anciano antiprototípico capaz de articular un libro sobre esta premisa: “Pocas veces los occidentales han dado tales muestras de ceguera, indiferencia y cinismo como ahora. Su ignorancia de las realidades es impresionante. Y así es como se alimenta el odio“.

Es una acusación bastante dura, ¿no le parece?

Vivimos en un orden caníbal del mundo: cada cinco segundos muere un niño de menos de 6 años; 37.000 personas fallecen de hambre cada día y más de mil millones (casi una sexta parte de la humanidad) sufre malnutrición permanente. Y mientras tanto, las 500 mayores multinacionales controlaron el año pasado el 53% del PIB mundial. Esta oligarquía del capital financiero organizado tiene un poder como jamás lo tuvo un papa, un rey o un emperador. Creo que la ceguera y la arrogancia de los occidentales es total.

La pasada semana hubo una reunión de la ONU, que es su casa, para tratar el asunto.

Sí. Y [el secretario general] Ban Ki Moon dijo que el hambre podría ser erradicada con 40.000 millones de dólares. Es una locura, porque el problema no es que haya poco dinero para los subsidios de cooperación (aunque siempre se puede hacer más), son las estructuras del orden criminal del mundo las que fabrican cada día la masacre cotidiana del hambre. La solución no es dar más, sino robar menos.

¿Cuáles son esas «estructuras del orden criminal»?

Las exportaciones a precios bajos destruye la agricultura africana

Este orden se basa en tres pilares. El primero es el dumping [exportar productos a un precio más bajo que en el propio país] agrícola: la UE exporta productos agrícolas a África a precios muy bajos, lo que destruye la agricultura africana. El segundo son los agrocarburantes: se queman millones de toneladas de trigo y maíz para proteger el planeta, para reducir las emisiones;es una razón comprensible, pero quemar alimentos en un planeta donde cada cinco segundos un niño muere de hambre es un crimen contra la humanidad…

¿Y el tercer pilar?

Es la especulación bursátil de los grandes hedge funds sobre el arroz, el trigo, el maíz, etcétera. La especulación sobre los alimentos de base. Después de la crisis financiera de 2008, los grandes hedge funds migraron desde los mercados financieros a los mercados de materias primas. Se dedicaron, legalmente, a especular e hicieron explotar los precios de los alimentos básicos.

La UE es responsable de algunas de estas políticas…

La hipocresía de los comisarios, inclusive españoles, es impresionante. Porque cuando los refugiados del hambre intentan venir a Canarias o a Lampedusa son rechazados por métodos militares.

Pero, ¿no existe un problema de sobrepoblación?

260 millones de personas fueron pasan hambre a causa de la especulación

La FAO, que cada año da en su informe anual unas cifras respetadas por todos, dice que la agricultura actual podría alimentar a 12.000 millones de personas. Es, prácticamente, el doble de la humanidad. Y el Banco Mundial dice que al menos 260 millones de personas más fueron empujadas en 2009 al abismo del hambre por causa de la especulación.

¿Y la culpa de todo ello es de Occidente?

Occidente es ciego, arrogante, no comprende la memoria herida de la esclavitud, de las masacres coloniales;no entiende que hoy en día todo eso se transforme en conciencia política, en reivindicación de perdón y de reparación.

Pero hablar de odio en el título es bastante agresivo.

Ésta es la 14.ª edición del libro en el extranjero y funciona muy bien

Este libro es un libro de esperanza. Ésta es la 14.ª edición en el extranjero y funciona muy bien. Siempre los editores dicen que el título no es muy bueno, porque la palabra odio impresiona mucho. Pero hay dos tipos de odio: el patológico, que es el del terrorismo, el de Al-Qaeda, que no tiene justificación y tiene que ser combatido con todas las medidas democráticas; pero existe otro: el odio razonado, que es el que se ve en Bolivia, en Caracas, en otras partes. Es la transformación, postergada, de esa memoria herida de la esclavitud en una fuerza política. En Bolivia, por primera vez en el subcontinente, es un campesino, un cocalero, un aymara –no un intelectual de izquierdas– quien gobierna.

¿Cómo se produce esta transformación?

Estos países están viviendo un renacer identitario y la fuerza política y social generada es capaz de hacer frente a las multinacionales (con las expropiaciones del petróleo, el gas, las minas…).

¿Y cuál es el papel de Europa?

Las multinacionales son el poder principal en España, Francia y en todas partes. Los Estados de Europa son verdaderas democracias, donde los derechos humanos son respetados. Pero, fuera de Europa practican el fascismo externo, la ley de las multinacionales, que maximizan los beneficios con la explotación máxima de los recursos ajenos. Pero aquí, en el cerebro del monstruo, el pueblo existe con todos sus derechos: una sociedad civil con conciencia puede forzar la prohibición de quemar alimentos para fabricar biocarburantes, puede reformar la Bolsa, prohibir la especulación con materias primas…

¿Y el de la ONU?

El libro se publica con la esperanza de quebrar el orden caníbal del mundo

Naciones Unidas ha terminado. En su momento fue muy importante, pero ya no funciona. Los países del Sur quieren relaciones internacionales, organismos, de justicia e igualdad, que no existen. Si es posible construir un frente de solidaridad planetaria entre la nueva sociedad civil aquí y los nuevos movimientos del Sur, se podría quebrar el orden caníbal del mundo. El libro se publica con esta esperanza.

  • Ziegler es escritor, sociólogo, analista político y anticapitalista.
  • Participa en el comité consultivo del Consejo de Derechos Humanos.
  • El sociólogo suizo publica su libro, ‘El odio a Occidente’ (Península).
  • “La ONU ya no funciona. El Sur quiere relaciones de igualdad”.
  • “Hay dos tipos de odio: el patológico (el de Al-Qaeda) y el razonado”.
David Rojo.
20 minutos.es

martes, 5 de octubre de 2010

20 países no deben decidir el destino del mundo entero

Más de 100 organizaciones sociales de todo el mundo, entre las que se encuentran ATTAC España y otros ATTAC nacionales, han hecho un llamamiento para protestar contra las falsas soluciones a la crisis global que plantea el G-20, que se reunirá el próximo noviembre en Seúl.

Con el lema “20 países no deben decidir el destino del mundo entero”, organizaciones de los cinco continentes señalan en un documento que las reformas financieras planteadas no imponen ningún control real para bancos que originaron la crisis, y que el G-20 no propone salidas de fondo a la grave situación que afronta el planeta.

Para estas organizaciones, el G-20 es un espacio que representa a las corporaciones y no a los pueblos que sufren los efectos de la crisis, y que garantiza las ganancias de los inversionistas antes que la solución del grave problema de empleo e impacto del cambio climático que enfrentan hoy el mundo.

Puedes descargar el llamamiento en este enlace.



domingo, 27 de junio de 2010

¿Quién gobierna?

Desde el inicio de la crisis fueron muchos los que insistían en que no se trataba sólo de una crisis de naturaleza financiera. Teníamos que hablar, más en propiedad, de una crisis que lo era también de naturaleza ecológica, cultural y política. Y poco a poco estamos viendo cómo los hechos no hacen sino confirmar aquellas sugerentes ideas que invitaban a salir del economicismo dominante en los últimos años.

Efectivamente, una de las víctimas más graves de esta crisis está siendo la democracia, en todas sus formas, y pocos apuestan ya por su posible recuperación a corto plazo. La democracia está siendo duramente golpeada y violada, una y otra vez, al mismo paso que están avanzando las ideas neoliberales en todas partes del mundo occidental.

Sin embargo, esto no es nada nuevo. Por el contrario, la democracia siempre ha estado subyugada por la economía. Lo que ahora está variando es la claridad con la que eso se percibe. Decía José Saramago hace unos años que vivíamos en una burbuja democrática, fuera de la cual no había democracia. Habríamos estado viviendo en un mundo de democracia ficticia en el que en realidad todas las decisiones de importancia la tomaban organismos ajenos al control de la ciudadanía, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o los Bancos Centrales. Todo podía funcionar mientras el ciclo económico a ello favoreciera. Sólo algunos radicales creíamos que esas palabras eran ciertas y reflejaban el estado real de las cosas. Hoy, en cambio, esas son ideas que uno puede leer todos los días en los principales periódicos de España.

Los instrumentos de política económica fueron regalados, hace ya mucho tiempo, a instancias supranacionales que, como la Unión Europea, están configuradas de una forma profundamente antidemocrática. Los bancos centrales se independizaron de las preferencias de la ciudadanía y se convirtieron en bastiones del poder financiero. Las preferencias de los bancos centrales y los organismos internacionales han sido desde entonces las preferencias de las entidades financieras y de las multinacionales, no de los ciudadanos que les dan soporte. Algunos políticos, como el ex primer ministro alemán Oskar Lafontaine y fundador del partido Die Linke, se negaron a aceptar ese estado de las cosas y cambiaron de trinchera. Algunos países enteros, como Suecia, se negaron en bloque a vender su soberanía al capital financiero y se mantuvieron al margen del engendro que se desarrollaba con la Unión Europea. La mayoría de gobiernos, sin embargo, continuó esa deriva antidemocrática junto con una ciudadanía dormida y drogada por el consumismo y la falta de educación política y económica.

Los años han pasado y este estado de las cosas ha evolucionado. Albert Einstein sostenía que la crisis agudiza el ingenio, y sin duda así es, pero las crisis también tienen otra propiedad: la de revelar la naturaleza profunda de los actores que en ella están involucrados. Saca a la luz todo aquello que no podía verse con facilidad antes. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo hoy en día. Estamos viendo la verdadera naturaleza antidemocrática de los organismos internacionales y del capital financiero en su conjunto y, no nos olvidemos, de los economistas que bailan al son de aquellos.

Las preferencias de la gente les importan un bledo, por ser claros, tanto al capital financiero como a sus representantes en la tierra. Ellos saben que no importa que un partido político llegue al poder, porque en realidad ese no es el poder. El poder lo tienen ellos y lo utilizan como quieren. Los gobiernos quedan, de facto, convertidos en vulgares símbolos de algo que no existe pero en lo que es necesario creer para que nada se desmadre.

Y en este estado de las cosas la sociedad se convierte en una burla de gran simpleza. El capital financiero (instituciones financieras, organismos internacionales y grandes fortunas) ordenan y ponen las manos para recibir sus millonarias remuneraciones. Los economistas liberales asesoran y se sienten los verdaderos amos del mundo, desideologizados y estrictamente técnicos, al servicio de lo que es mejor para el pueblo pero sin el pueblo. Los gobiernos obedecen y tratan de disimular que esa subordinación nace de sus propias decisiones pasadas, cuando vendieron la democracia a precio de saldo. Los partidos políticos estafan a sus votantes y los militantes más honrados abandonan las filas. Los medios de comunicación, al servicio de sus accionistas, controlan que la información sea excesiva, sesgada y confusa para que, al fin y al cabo, todo continúe sin grandes sobresaltos. Y la ciudadanía percibe todo esto, sin necesidad de estudiar Políticas o Economía, y con una mezcla de resignación y rabia abandona la Política, con mayúsculas, para dar paso al caos y al “que venga lo que Dios quiera”.

Lo que yo creo, sin embargo, es que no va a ser lo que Dios quiera sino lo que quieran unas personas de carne y hueso muy bien posicionadas, mientras que por otro lado dudo mucho de la capacidad de esas personas para construir una sociedad estable.

Alberto Garzón Espinosa – Consejo Científico de ATTAC España

Pijus Economicus

lunes, 10 de mayo de 2010

No salen las cuentas

Estos días se han reunido en Madrid -con discreto eco en los medios- 20 ONG del mundo. En sus conclusiones, a modo de manifiesto, aseguran que “El hambre se erradicaría con el 1% de lo aportado para salvar a la banca”. Ese terrible problema que creemos insoluble, se hubiera podido resolver. Se puede, aún, resolver.

Resulta difícil saber ahora el monto total que los gobiernos han entregado a las entidades financieras del dinero público, del dinero de los ciudadanos. Pero sólo en EEUU Bush aprobó un plan de 700.000 millones de dólares. Toda Europa exprimió sus arcas para que los bancos funcionasen. Es decir, que, como mínimo, habrán desembolsado otro tanto, si no ha sido más. A mí las grandes cifras, me superan, pero si me da para ver que se ha montado un cirio por entregar a un país entero -Grecia- 110.000 millones de euros, que habrá de devolver con intereses de usura. Y que, mientras a los bancos no se les ha exigido condición alguna, a los ciudadanos helenos se les bajan los sueldos y las pensiones, se les quitan las pagas extraordinarias, y les suben los impuestos. Y todos los que entienden nos dicen que, por eso del efecto contagio, y porque todos lo hemos hecho muy mal, nos vamos a tener que aplicar la receta griega.

Goldman Sachs es una de las empresas que más opina sobre rescates y condiciones de otros. Goldman Sachs es un banco que no fabrica nada, y que no tiene sucursales para que los humanos de a pie vayan a operar con él, sólo trata con poderosos y Estados. Quebró con la crisis y recibió dinero público para su rescate, luego obtuvo cuantiosos beneficios. Ayudó a ocultar la deuda griega. Está siendo investigado por fraude en EEUU. Y sigue opinando y decidiendo. Como las empresas de calificación que mueven mercados y que no han sufrido menoscabo alguno en la validez de sus diagnósticos a pesar de sus errores. Otorgar matrícula de honor a las “hedges funds”, no parece uno de los menores, caso de ser un error y no una acción intencionada.

El responsable de política económica del Partido Popular, ese hombre que nos sacará de la crisis en cuanto siente sus posaderas en la Moncloa, dijo el otro día: “los especuladores son gente a la que debemos dinero”. Pobres, hay que entenderlos, les debemos dinero. Y esa idea se repite en círculos liberales.

A ver, que no lo he entendido. Les damos una cantidad obscena de dinero de nuestros impuestos. Sin condiciones. No facilitan créditos para que -según nos dicen los expertos y los gobiernos- funcione la economía. Los países se endeudan más por haberles dado dinero a ellos. Los bancos exigen a los países que les devuelvan, con intereses, su deuda incrementada con las partidas que les han entregado para que funcionen, aunque no funcionan. Agarran por el cuello a quien les debe algo. Le exprimen hasta la médula. Ellos y sus secuaces políticos, nos hablan de ajustes y reformas. Les entregaron dinero nuestro y, sin comerlo ni beberlo, aún les debemos más. Por eso, hemos de ver reducidos sueldos y pensiones y pagar más impuestos. No lo entiendo. Pero ya me dijo un día un experto que yo veo una realidad impresionista, de trazos, que la pintura clásica canónica sabe mucho más y abarca todo el problema. Será eso. Nos están dando todos los brochazos en la cara y no vemos bien el academicismo que todo lo explica.

Rosa María Artal – Comité de Apoyo de Attac España.

Publicado en El Periscopio